El fascismo islámico 2: las raíces del fascismo en la historia islámica

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Catalina de Erauso | El fascismo islámico 2: las raíces del fascismo en la historia islámica

 

Abdel-Samad dedica un capítulo entero a los orígenes del fascismo en el islam, ideología que está perfectamente articulada en los versos coránicos del libro sagrado pero que viene de más atrás. Para explicar su arraigo en el imaginario de los fieles, empieza analizando fragmentos del Antiguo Testamento además de hadices y otras fuentes históricas que ayudan a entender el desarrollo de la teología del islam y su expansión por el mundo entero además del estado actual de la cuestión. Por ser el capítulo prolijo en datos, se evitará aquí evaluar o calificar la forma de abordar los mismos y se hará un esfuerzo por resumir los datos más importantes en torno a ideas que expliquen los inicios del islam para comprender por qué el autor compara el islam con el fascismo. Abdel-Samad sugiere que el fascismo y las tres religiones monoteístas están emparentadas. Añade que las religiones politeístas son más tolerantes porque sus dioses se reparten el trabajo. Afirma que la idea de tener un Dios que todo lo sabe y controla y que nos castiga con el infierno es muy típico de las dictaduras. Veamos cómo defiende Abdel-Samad su hipótesis.

 

El capítulo arranca haciendo referencia al relato de Abraham en el Antiguo Testamento en el que soñó que sacrificaba a su hijo por Dios y la conversación subsiguiente con este. Su hijo Israel le respondió que hiciese lo que Dios de ordenaba, pero Abraham sacrificó un animal librando de la muerte a su hijo. En aquellos tiempos, el sacrificio de seres humanos estaba a la orden del día. De este relato bíblico dimana el sacrificio del cordero en el Islam, apunta Abdel-Samad. El autor nacionalizado alemán extrae dos ideas centrales del fascismo de este episodio bíblico: la obediencia ciega y la disposición a hacer sacrificios extremos, elementos que están omnipresentes en el Corán. Añade que el padre involucra al hijo en esa decisión y esta es una idea que explotan todos los fascismos. Como partícipe en la decisión se le puede culpar del fracaso de determinadas decisiones y obligarle a asumir la culpa. Un plan perfecto según Abdel-Samad.

 

En este plan entra el origen divino de los musulmanes y todo lo relacionado con ello. Los musulmanes tienen el convencimiento que Abraham intentó sacrificar a su hijo Ismael, del que creen descender directamente. Por ende, le atribuyen al personaje bíblico la construcción de la Kaaba en La Meca que fue un centro religioso antes de la irrupción del islam en la Meca donde los cristianos podían colgar imágenes de Jesucristo dentro de la misma y los fieles de las religiones politeístas podían instalar sus objetos de culto en sus cercanías. De este modo, se ubican los musulmanes y su piedra sagrada en el principio de los tiempos apuntalando así el círculo argumentativo para los creyentes porque con este relato se atan todos estos elementos para sugerir el vínculo divino.

 

El nacimiento del islam se enfrentó a muchas contrariedades. Abdel-Samad analiza algunos acontecimientos históricos que ponen en contexto la resistencia con la que se encontró Mohamed y las dificultades que tuvo que superar para captar adeptos cuando divulgaba sus revelaciones divinas. Así, recuerda que Meca estaba en la ruta de comercio entre Yemen y Damasco en la que comerciaban algunos miembros de tribus árabes. Estos recelaban de Mohamed y sus visiones porque veían peligrar su negocio debido a que Mohamed era guerrero. Arabia Saudí se encontraba en constante tensión entre dos imperios, el Sasánido de Irán y el Bizantino y daba cobijo a las religiones cristiana, judía y un sinfín de creencias politeístas. Mohamed fue en un primer momento muy indulgente con todo tipo de prácticas religiosas en torno a la Kaaba. De ahí que algunas tribus árabes se adhiriesen a Mohamed.

 

Mohamed predicó 13 años en Meca sin que apenas pudiese lograr unos cientos de adeptos, en su mayoría esclavos. Su éxito aumenta considerablemente cuando se traslada a Medina y empieza a tratar con creyentes judíos. Introduce rituales de limpieza, rezo, vigilia y prohibición del cerdo y la sharia o “el camino” que están basadas en leyes judaicas. Incluso escribió una constitución de 52 leyes para garantizar la convivencia con los judíos salvaguardando así la libertad religiosa.

 

Como la nueva religión revelada por Dios se basaba en Abraham, Mohamed imaginó que judíos y cristianos se le adherirían, pero la mayoría de ellos se le mantuvo a distancia. No lo reconocieron como enviado de Dios y lo etiquetaron como falso profeta. Incluso algunos judíos se aliaron con algunos mecanos que se encontraban en aquellos momentos en guerra contra Mohamed. A raíz de esta alianza, Mohamed exterminó a los judíos de la tribu de Khyber. La mitad de las guerras que lideró Mohamed fueron en contra de los judíos. Primero se refirió a ellos como “gente del libro” y muy pronto después “falsificadores del libro”. Con “libro” se refiere a los libros sagrados del Antiguo Testamento o Tora. La enemistad con los judíos aumentó según iba adquiriendo notoriedad llegando a etiquetarlos como “monos” y “cerdos”. Expulsó a tres tribus judías de Medina y a otra la acusó de traición. Mandó ejecutar a todos los hombres y tomó por esclavas a sus mujeres e hijos. Este episodio quedó inmortalizado en la sura 8. Limpió de judíos y cristianos la ciudad de Medina organizando una banda que perpetraba atentados contra todos aquellos que se le opusiesen. En este momento, Medina estaría libre de judíos y Mohamed ordenó rezar mirando a La Meca. A partir de aquí empieza la limpieza religiosa de Arabia Saudí que sentaría las bases de la expansión islámica. Arabia Saudí es un estado sin pluralidad religiosa a día de hoy.

 

A partir de este momento, quien no se dejaba convencer por la nueva religión predicada a través de la palabra tenía que asumir que sería víctima de violencia. Mohamed volvió a La Meca y la reconquistó ejecutando todo aquel que se opusiese a la nueva fe. Incluso hizo que ejecutasen a un hombre sin armas que había buscado cobijo en la Kaaba, un lugar sagrado libre de violencia en aquel momento. De esta forma violó Mohamed un tabú que persistía en el imaginario popular desde tiempos inmemoriales. Me abstengo de dar los detalles de las ejecuciones sumarias tremendamente crueles a las que hace referencia Abdel-Samad. Baste reseñar que todos los que lo conocían temían la violencia del profeta. Lo que en un tiempo fue el centro de la diversidad religiosa, se convirtió en pocos años en un centro monoteísta. Violencia extrema también existió en Granada. El autor desmonta en su libro algunos mitos sobre la convivencia pacífica de las tres religiones en la época andalusí.

 

Cuando murió Mohamed en el año 632, dejó el Corán y algunos miles de hadices como legado donde se explica cómo actuar en cada situación de la vida. Se le olvidó, dice Abdel-Samad con cierta ironía, decir quién le sucedería y cómo se legitimaría a los sucesores. Tras su muerte las diferentes tribus islámicas se enzarzaron en enfrentamientos bélicos que culminaron en dos corrientes religiosas principales, los chiítas y los sunitas. A pesar de que se diferencian en muchos aspectos, una de las diferencias más notables es quién es el sheikh o jeque. Es en estas guerras donde se acuñó el término de hakimiyyatullah, el gobernante de Dios en la tierra. La idea era que Dios reinaba en la tierra a través de su enviado o gobernante que era el que ejecutaba su voluntad. Los chiítas aceptan como caudillo o gobernante a cualquier descendiente de Mohamed y los segundos aceptan a cualquiera de los sucesores de las diez tribus de Meca como gobernante. Los unos confiarían en el imán en la corriente chiíta, mientras que los sunitas confiaban en el gobernante por gracia de Dios. Entre los sunitas, cualquier rebelión contra el gobernante se entendía y se entiende como una rebelión contra Dios. No olvidemos que la palabra islam viene del árabe aslamaque significa abnegación o sumisión y no significa “paz” como afirman los apologetas del islam. La figura del sheikh o del imán están íntimamente ligadas al sometimiento que han de profesar los fieles.

 

Después de la muerte de Mohamed, el islam se fragmentó en diferentes corrientes y escuelas teológicas, entre las cuales destaca la más conservadora que fue la fundada por Hanbal a finales del siglo VIII (780-855) en Bagdad aunque no hizo mucha mella en aquellos tiempos. Bagdad era en la época una ciudad muy liberal en la que poetas cristianos, judíos y musulmanes solían competir en concursos literarios de poesía organizados por el propio califa en los que criticaban la religión del otro. La crítica al islam como religión y las críticas al profeta era habituales. Hasta se cuestionaba si el Corán era un texto sagrado infalible y se debatía si era un libro sagrado in secula seculorumo había que interpretarlo en el tiempo en el que se vivía. En aquella época no se practicaba la sharia o ley islámica en Bagdad porque los sabios entendían que vivían en un tiempo distinta a cuando el Corán fue revelado a Mohamed. Los que seguían la escuela de pensamiento Muta´zila no se adhirieron a la ley islámica por ese motivo. Esta escuela moderada fue la que se practicó en los tiempos culminantes del islam en Andalucía, El Cairo y Bagdad.

 

Las vertientes conservadoras resucitaron con la invasión de los mongoles en el siglo XIII. La escuela hanbalita renació de la mano de Ibn Taymyya, el padre espiritual de los salafistas wahabitas de hoy día y al que se refería en muchas ocasiones Bin Laden. Ibn Taymyya entendía la misión de un gobernante como la de introducir la sharia y velar celosamente para su cumplimiento íntegro. Al gobernante que no cumpliese esos preceptos, no deberían obedecerle sus súbditos. Ibn Taymya estableció la unidad de Dios, concepto diametralmente opuesto a la Trinidad. A los sufís les reprochó que no eran monoteístas y a los chiítas les reprochó que habían falsificado el Corán porque había atribuido el rango de infalibles a los imanes. A los Alawitas los catalogó como traidores que debían pagar su traición con la muerte. Convenció al gobernador de Egipto para que se uniese a la guerra islámica logrando repeler a los mongoles de Damasco. Sus ideas desaparecieron durante siglos de los debates teológicos reapareciendo en el siglo XVIII de la mano de Muhamad Ibn Abd al-Wahhab que se marcó como objetivo deshacerse de todo lo que no fuera islámico. Es la corriente del islam que se practica en Arabia Saudí en la actualidad y está fundamentada en la sumisión de los fieles al sheikh.

 

La radicalización del islam se produjo a raíz su declive alcanzando su punto máximo con las cruzadas. Durante mucho tiempo se practicó un islam tolerante hasta que debido a la expansión islámica, los sabios islámicos entraron en contacto con la filosofía griega así como con narraciones judías y bizantinas. Se empezó a forjar una nueva teología islámica que pretendía poder mantenerse a la altura de esos oradores tan doctos. Las corrientes más conservadoras del islam veían en clave de peligro esos contactos con oradores de otras religiones por posibles cismas en el futuro, guerras y la proliferación de escuelas coránicas sectarias enfrentadas entre sí. Es ahí donde se empezó a cuajar el concepto teológico de Ibn Hanbal que decía que había que volver a las raíces coránicas y a la interpretación literal de los suras lo cual implicaba la prohibición de la interpretación más allá de la literal.

 

La sumisión entendida como obediencia ciega al guía es un elemento fundamental de la ideología fascista y regímenes totalitarios, al igual que en el Islam. Cualquier díscolo es etiquetado de traidor o infiel y es repudiado o ejecutado. La sumisión es parte integrante del imaginario sunita e implica hacer sacrificios extremos por el bien del islam como dar la vida por él.

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