El fascismo islámico 3: el fascismo como doctrina de estado

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Catalina de Erauso | El fascismo islámico 3: el fascismo como doctrina de estado

 

Hamed Abdel-Samad le dedica un capítulo entero al fascismo chiíta (capítulo 8, 141-162) y, en concreto, a Irán y a los acontecimientos que culminaron con la implantación de la sharia como forma de estado. Este relato sobrio y austero permite especular qué pasaría en otros estados en los que concurriesen situaciones sociales similares. Es, por lo tanto, importante tratar de entender el peligro que esconden determinadas corrientes de pensamiento en situaciones sociopolíticas en las que la ciudadanía sufre de carencias y es, en consecuencia, muy vulnerable.

La revolución islámica de 1979 implantó una república islámica en Irán. Pero, ¿cómo llegó a hacerse con el poder  de una nación avanzada como el Irán el ayatola Jomeini? Abdel-Samad arranca diciendo que, a día de hoy, la república islámica de Irán se sustenta en elementos fascistoides que son los pilares de su supervivencia, a saber ejecuciones sumarias de opositores al régimen, control exhaustivo de la ciudadanía, la represión de la mujer y de minorías y un antisemitismo muy agresivo. El mundo dio un vuelco cuando Irán se convirtió en república islámica porque este hecho ha contribuido a que se desencadenen diversas contiendas en Oriente Medio y amenace la paz internacional. Pero, ¿cómo ocurrió? Abdel-Samad afirma que una revolución ocurre normalmente después de una guerra perdida o cuando el pueblo está en situación de desnutrición severa. Postula que no se daba ninguna de esas circunstancias en Irán. No fue la revolución de los agricultores, sino la revolución de los estudiantes. Tanto la izquierda como la jerarquía islamista estaban hartas de la tiranía y arbitrariedad con la que gobernaba el Sha de Persia. Sus servicios secretos tenían fama de actuar de forma brutal en un país que mantenía en prisión a miles de disidentes. Además, tanto los intelectuales de izquierdas como los islamistas estaban descontentos con el poder que ejercían los EEUU sobre el Sha. De forma que cuando llegó Carter al poder, el Sha dejó libres a muchos presos políticos lo que desencadenó la rebelión contra él. Los intelectuales de izquierdas estaban en constante lucha contra el Sha que ya había sido obligado a dejar el país en 1953. Volvió años después del golpe de estado militar en el que participó la CIA y que depuso al entonces presidente Mohamed Mossadegh. Con su vuelta, se derogó la ley que había nacionalizado los pozos de petróleo y las petroleras americanas y británicas pudieron entrar de nuevo en el negocio de explotación petrolífera iraní. Al principio hubo reformas y el dinero corrió, pero desde la disidencia de la izquierda surgió un grupo de guerrilla que quería recobrar el poder por medio de la violencia. Hubo violencia y una represión todavía más violenta por el Sha lo que le obligó a dejar el país. La revolución islámica había comenzado. Es, a grandes rasgos, lo que resume Abdel-Samad.

Una revolución no se da de un día para otro afirma Abdel-Samad lacónico. Para explicar este punto, desgrana algunos datos biográficos del Ayatola Jomeini. Abdel Samad recuerda la trayectoria política del Ayatola Jomeini empezando por explicar la palabra Ayatola que significa “Milagro”. El Ayatola veía con mucho recelo la revolución blanca para modernizar Irán que propuso el Shah en 1963 aprobada en referéndum y que proponía 6 puntos de actuación: 1) La disolución del sistema feudal y la entrega de las tierras de los latifundistas a los agricultores, 2) nacionalización de los bosques y prados, 3) Privatización de industrias estatales para pagar las correspondientes compensaciones a los latifundistas, 4) participación de los trabajadores en los beneficios empresariales, 5) derecho activo y pasivo de voto para las mujeres, 6) lucha contra el analfabetismo. La igualdad de las mujeres le parecía un peligro. Era un plan muy progresista que traería prosperidad a Irán. A los dos años tomó las riendas de la presidencia Assadolah Alam que procedía de la vertiente Bahai del islam, que es una corriente de pensamiento que afirma que Mohamed no es el último profeta. Los Bahai no sienten la obligación de someter a los no musulmanes. Los cristianos y judíos son minorías con garantías jurídicas en Irán, pero no los Bahai. Jomeini opinaba que un musulmán no debe vivir jamás bajo el yugo de personas de otras religiones. El ayatola veía este nombramiento con recelos porque a los bahai se les considera traidores y tienen el mismo rango que los infieles en la creencia musulmana. Jomeini pronunció un discurso incendiario en Ghom tras el cual fue detenido lo que llevaría al exilio primero en Turquía y después a Iraq. En ese discurso llamaba al pueblo a sublevarse contra el Sha. En el exilio escribió su segundo libro titulado “el estado islámico” en el que afirmaba que “la aseveración de que se puedan derogar las leyes islámicas sin vincularlas al tiempo y lugar contradice la propia esencia del islam. Por eso es la aplicación de las leyes del sublime profeta una obligación eterna”. Ya en su primer libro mostró su oposición hacia la prohibición del matrimonio de menores en Irán.

Jomeini era diáfano en su discurso y en la prosa que escribía. No ocultaba su radicalismo. Afirma Abdel-Samad que la izquierda iraní en tiempos del Sha conocía este dato pero que no le dio importancia. Admiraban, más bien, el carácter revolucionario del Jomeini porque era muy antieuropeo/antiamericano y además quería renacionalizar la producción de petróleo. No obstante, era de todos conocido que Jomeini rechazaba la soberanía popular porque consideraba que la soberanía solo podía emanar de Dios y que las leyes divinas servían para que se haga su voluntad  en la tierra. En cuanto a las diferencias teológicas que existen entre sunitas y chiítas, Abdel-Samad afirma que en lo referente a la ideología fascistoide ambas vertientes del islam apenas se diferencian.

En el año 1978 se intensificaron las protestas contra el Sha y siguiento una fetua del Ayatola Jomeini, que se encontraba todavía en el exilio, en Irán explotaron salas de cine. Solo en la ciudad Abadan murieron 400 personas que se encontraban en un cine. Las protestas se intensificaron y el Sha abandonó Irán en enero de 1979. Jomeini volvió un mes más tarde y se hizo con el poder vía referéndum. En ese referéndum se decidió si Irán sería un estado islámico. La burguesía y la izquierda votaron que sí y Abdel-Samad se lamenta de que precisamente burguesía e izquierda no hubiesen leído el libro de Jomeini titulado “el estado islámico” afirma con tristeza Abdel-samad. Jomeini habló de libertad para todos los iraníes cuando el Sha abandonó Irán. Cuando se hizo con el poder poco tiempo después, el ayatola ejecutó a muchos opositores de la izquierda que como él habían luchado contra el Sha o los que más suerte tuvieron se marcharon al exilio, 12.000 personas en los dos primeros años. Siguiendo el ejemplo de las SS y SA de Hitler se crearon milicias Sepah que actuaban en la calle para aterrorizar a la población y actuaban además del ejército y los servicios secretos. Poco después se creó la milicia Bassidsch que, siguiendo las pautas de las bandas de matones de Hitler, ajusticiaban a todos aquellos que se atrevieran a criticar al régimen. Con el tiempo se convirtieron en ejércitos paralelos según algunos expertos que cita Abdel-Samad. A día de hoy cuentan con 130.000 miembros y un presupuesto mayor que el ejército regular. Al igual que los miembros de la SS de Hitler, los miembros de Sepah son reclutados después de haber superado un test pormenorizado de su visión del mundo y su fidelidad al guía o Führer. Además, se han de someter a un adiestramiento físico y psíquico severo. Las milicias de Sepah y Bassidsh tienen cárceles propias en las que se tortura a los disidentes al margen de la ley, tal y como salió a la luz en la revolución verde de 2009. Se torturó y violó a miles de personas que se manifestaban de forma pacífica contra Ahmadineyad.

Otra similitud con el nacionalsocialismo es el pronunciado antisemitismo. Abdel-Samad afirma que resulta inaudito porque Irán no comparte fronteras con Israel ni ha sufrido humillaciones coloniales como otros estados de Oriente Medio. Abdel-Samad sostiene que el antisemitismo en Irán se alimentaba de tres fuentes. La primera es de la propaganda nazi que se emitía en la radio en Irán en idioma persa o farsi en la época del nacionalsocialismo. Recuerda cómo los hombres acudían a los cafés para escuchar esa propaganda que hizo mella en la sociedad iraní al considerarse ellos mismos como los arios indogermánicos. La segunda fuente de antisemitismo es el libro de Sayyid Qtub en el que afirmaba que la guerra santa contra los judíos era la voluntad de Dios y solo terminaría poco antes del fin del mundo. La tercera fuente, y la más importante, es el propio Corán. En este sentido, Ayatola Jomeini pronunció discursos incendiarios contra Israel vinculándolo al eje del mal en conjunción con los EEUU. También otros ayatolas y dirigentes iraníes pronunciaron discursos incendiarios contra Israel como es el caso de Ahmadineyad.

Todos estos datos históricos los vincula Abdel-Samad al principio de la Taquyia o el arte del engaño que juega un papel importante en el islam chiíta. Taquyia significa cautela y es una licencia que viene de los primeros años del islam cuando todavía estaban en minoría y permitía a los musulmanes ocultar su adscripción religiosa cuando sentían que estaban bajo un peligro grande. Este principio se encuentra en la sura 3.28. “Que no tomen los creyentes como amigos a los infieles en lugar de tomar a los creyentes -quien obre así no tendrá ninguna participación en Alá-, a menos que tengáis algo que temer de ellos. Alá os advierte que tengáis cuidado con Él. ¡Alá es el fin de todo!“. Los sunitas tuvieron éxito relativamente pronto y no necesitaron recurrir a este principio, pero los chiítas sí tuvieron que hacer uso de él porque se dividieron poco después de la muerte de Mohamed. En virtud de este principio, le estaba permitido a un musulmán mentir y engañar para proteger su propia vida. El Ayatola Jomeini perfeccionó esta táctica invitando a los creyentes musulmanes a presentarse como ateos para infiltrarse en las instituciones del Sha al objeto de reventarlas. Jomeini pronunció lo siguiente: “Si las circunstancias del taqyia le han obligado a alguno de nosotros a pertenecer al séquito de los que ostentan el poder, debe deponer de su actitud a no ser que su militancia meramente formal culmine en el triunfo para el islam”. El mismo Jomeini había practicado esta táctica en los principios de la revolución islámica engañando a la oposición de izquierdas y la burguesía. Y lo peor de todo fue que él ya había explicado esta táctica en su libro “El estado islámico” con todo lujo de detalles. La izquierda no se lo tomó en serio.

Con esta entrega, se termina el ciclo de reseñas sobre el libro de Abdel-Samad “El fascismo islámico”. Es más bien un resumen de su contenido. El libro está escrito de forma amena sin demasiados tecnicismos y analiza los hechos históricos con muchos datos explicados en su justo contexto. La puesta en contexto la realiza Abdel-Samad de una forma magistral porque incluso aquellos a los que no les gusta la historia se enganchan con este relato bien tejido. Desentraña las cuestiones más importantes de los datos históricos aplicándoles teorías sociológicas modernas que permiten entender qué consecuencias tuvieron determinadas decisiones políticas. Abdel-Samad no ahorra reproches a las izquierdas en todas las épocas de la historia porque entiende que han minimizado los peligros que dimanan de un islam fundamentalista y extremista. Es más, insinúa que fueron colaboradores necesarios en el fracaso de la revolución blanca. Es un libro imprescindible para entender determinados acontecimientos actuales en el mundo islámico. Su traducción al español es imprescindible.

El fascismo islámico 2: las raíces del fascismo en la historia islámica

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Catalina de Erauso | El fascismo islámico 2: las raíces del fascismo en la historia islámica

 

Abdel-Samad dedica un capítulo entero a los orígenes del fascismo en el islam, ideología que está perfectamente articulada en los versos coránicos del libro sagrado pero que viene de más atrás. Para explicar su arraigo en el imaginario de los fieles, empieza analizando fragmentos del Antiguo Testamento además de hadices y otras fuentes históricas que ayudan a entender el desarrollo de la teología del islam y su expansión por el mundo entero además del estado actual de la cuestión. Por ser el capítulo prolijo en datos, se evitará aquí evaluar o calificar la forma de abordar los mismos y se hará un esfuerzo por resumir los datos más importantes en torno a ideas que expliquen los inicios del islam para comprender por qué el autor compara el islam con el fascismo. Abdel-Samad sugiere que el fascismo y las tres religiones monoteístas están emparentadas. Añade que las religiones politeístas son más tolerantes porque sus dioses se reparten el trabajo. Afirma que la idea de tener un Dios que todo lo sabe y controla y que nos castiga con el infierno es muy típico de las dictaduras. Veamos cómo defiende Abdel-Samad su hipótesis.

 

El capítulo arranca haciendo referencia al relato de Abraham en el Antiguo Testamento en el que soñó que sacrificaba a su hijo por Dios y la conversación subsiguiente con este. Su hijo Israel le respondió que hiciese lo que Dios de ordenaba, pero Abraham sacrificó un animal librando de la muerte a su hijo. En aquellos tiempos, el sacrificio de seres humanos estaba a la orden del día. De este relato bíblico dimana el sacrificio del cordero en el Islam, apunta Abdel-Samad. El autor nacionalizado alemán extrae dos ideas centrales del fascismo de este episodio bíblico: la obediencia ciega y la disposición a hacer sacrificios extremos, elementos que están omnipresentes en el Corán. Añade que el padre involucra al hijo en esa decisión y esta es una idea que explotan todos los fascismos. Como partícipe en la decisión se le puede culpar del fracaso de determinadas decisiones y obligarle a asumir la culpa. Un plan perfecto según Abdel-Samad.

 

En este plan entra el origen divino de los musulmanes y todo lo relacionado con ello. Los musulmanes tienen el convencimiento que Abraham intentó sacrificar a su hijo Ismael, del que creen descender directamente. Por ende, le atribuyen al personaje bíblico la construcción de la Kaaba en La Meca que fue un centro religioso antes de la irrupción del islam en la Meca donde los cristianos podían colgar imágenes de Jesucristo dentro de la misma y los fieles de las religiones politeístas podían instalar sus objetos de culto en sus cercanías. De este modo, se ubican los musulmanes y su piedra sagrada en el principio de los tiempos apuntalando así el círculo argumentativo para los creyentes porque con este relato se atan todos estos elementos para sugerir el vínculo divino.

 

El nacimiento del islam se enfrentó a muchas contrariedades. Abdel-Samad analiza algunos acontecimientos históricos que ponen en contexto la resistencia con la que se encontró Mohamed y las dificultades que tuvo que superar para captar adeptos cuando divulgaba sus revelaciones divinas. Así, recuerda que Meca estaba en la ruta de comercio entre Yemen y Damasco en la que comerciaban algunos miembros de tribus árabes. Estos recelaban de Mohamed y sus visiones porque veían peligrar su negocio debido a que Mohamed era guerrero. Arabia Saudí se encontraba en constante tensión entre dos imperios, el Sasánido de Irán y el Bizantino y daba cobijo a las religiones cristiana, judía y un sinfín de creencias politeístas. Mohamed fue en un primer momento muy indulgente con todo tipo de prácticas religiosas en torno a la Kaaba. De ahí que algunas tribus árabes se adhiriesen a Mohamed.

 

Mohamed predicó 13 años en Meca sin que apenas pudiese lograr unos cientos de adeptos, en su mayoría esclavos. Su éxito aumenta considerablemente cuando se traslada a Medina y empieza a tratar con creyentes judíos. Introduce rituales de limpieza, rezo, vigilia y prohibición del cerdo y la sharia o “el camino” que están basadas en leyes judaicas. Incluso escribió una constitución de 52 leyes para garantizar la convivencia con los judíos salvaguardando así la libertad religiosa.

 

Como la nueva religión revelada por Dios se basaba en Abraham, Mohamed imaginó que judíos y cristianos se le adherirían, pero la mayoría de ellos se le mantuvo a distancia. No lo reconocieron como enviado de Dios y lo etiquetaron como falso profeta. Incluso algunos judíos se aliaron con algunos mecanos que se encontraban en aquellos momentos en guerra contra Mohamed. A raíz de esta alianza, Mohamed exterminó a los judíos de la tribu de Khyber. La mitad de las guerras que lideró Mohamed fueron en contra de los judíos. Primero se refirió a ellos como “gente del libro” y muy pronto después “falsificadores del libro”. Con “libro” se refiere a los libros sagrados del Antiguo Testamento o Tora. La enemistad con los judíos aumentó según iba adquiriendo notoriedad llegando a etiquetarlos como “monos” y “cerdos”. Expulsó a tres tribus judías de Medina y a otra la acusó de traición. Mandó ejecutar a todos los hombres y tomó por esclavas a sus mujeres e hijos. Este episodio quedó inmortalizado en la sura 8. Limpió de judíos y cristianos la ciudad de Medina organizando una banda que perpetraba atentados contra todos aquellos que se le opusiesen. En este momento, Medina estaría libre de judíos y Mohamed ordenó rezar mirando a La Meca. A partir de aquí empieza la limpieza religiosa de Arabia Saudí que sentaría las bases de la expansión islámica. Arabia Saudí es un estado sin pluralidad religiosa a día de hoy.

 

A partir de este momento, quien no se dejaba convencer por la nueva religión predicada a través de la palabra tenía que asumir que sería víctima de violencia. Mohamed volvió a La Meca y la reconquistó ejecutando todo aquel que se opusiese a la nueva fe. Incluso hizo que ejecutasen a un hombre sin armas que había buscado cobijo en la Kaaba, un lugar sagrado libre de violencia en aquel momento. De esta forma violó Mohamed un tabú que persistía en el imaginario popular desde tiempos inmemoriales. Me abstengo de dar los detalles de las ejecuciones sumarias tremendamente crueles a las que hace referencia Abdel-Samad. Baste reseñar que todos los que lo conocían temían la violencia del profeta. Lo que en un tiempo fue el centro de la diversidad religiosa, se convirtió en pocos años en un centro monoteísta. Violencia extrema también existió en Granada. El autor desmonta en su libro algunos mitos sobre la convivencia pacífica de las tres religiones en la época andalusí.

 

Cuando murió Mohamed en el año 632, dejó el Corán y algunos miles de hadices como legado donde se explica cómo actuar en cada situación de la vida. Se le olvidó, dice Abdel-Samad con cierta ironía, decir quién le sucedería y cómo se legitimaría a los sucesores. Tras su muerte las diferentes tribus islámicas se enzarzaron en enfrentamientos bélicos que culminaron en dos corrientes religiosas principales, los chiítas y los sunitas. A pesar de que se diferencian en muchos aspectos, una de las diferencias más notables es quién es el sheikh o jeque. Es en estas guerras donde se acuñó el término de hakimiyyatullah, el gobernante de Dios en la tierra. La idea era que Dios reinaba en la tierra a través de su enviado o gobernante que era el que ejecutaba su voluntad. Los chiítas aceptan como caudillo o gobernante a cualquier descendiente de Mohamed y los segundos aceptan a cualquiera de los sucesores de las diez tribus de Meca como gobernante. Los unos confiarían en el imán en la corriente chiíta, mientras que los sunitas confiaban en el gobernante por gracia de Dios. Entre los sunitas, cualquier rebelión contra el gobernante se entendía y se entiende como una rebelión contra Dios. No olvidemos que la palabra islam viene del árabe aslamaque significa abnegación o sumisión y no significa “paz” como afirman los apologetas del islam. La figura del sheikh o del imán están íntimamente ligadas al sometimiento que han de profesar los fieles.

 

Después de la muerte de Mohamed, el islam se fragmentó en diferentes corrientes y escuelas teológicas, entre las cuales destaca la más conservadora que fue la fundada por Hanbal a finales del siglo VIII (780-855) en Bagdad aunque no hizo mucha mella en aquellos tiempos. Bagdad era en la época una ciudad muy liberal en la que poetas cristianos, judíos y musulmanes solían competir en concursos literarios de poesía organizados por el propio califa en los que criticaban la religión del otro. La crítica al islam como religión y las críticas al profeta era habituales. Hasta se cuestionaba si el Corán era un texto sagrado infalible y se debatía si era un libro sagrado in secula seculorumo había que interpretarlo en el tiempo en el que se vivía. En aquella época no se practicaba la sharia o ley islámica en Bagdad porque los sabios entendían que vivían en un tiempo distinta a cuando el Corán fue revelado a Mohamed. Los que seguían la escuela de pensamiento Muta´zila no se adhirieron a la ley islámica por ese motivo. Esta escuela moderada fue la que se practicó en los tiempos culminantes del islam en Andalucía, El Cairo y Bagdad.

 

Las vertientes conservadoras resucitaron con la invasión de los mongoles en el siglo XIII. La escuela hanbalita renació de la mano de Ibn Taymyya, el padre espiritual de los salafistas wahabitas de hoy día y al que se refería en muchas ocasiones Bin Laden. Ibn Taymyya entendía la misión de un gobernante como la de introducir la sharia y velar celosamente para su cumplimiento íntegro. Al gobernante que no cumpliese esos preceptos, no deberían obedecerle sus súbditos. Ibn Taymya estableció la unidad de Dios, concepto diametralmente opuesto a la Trinidad. A los sufís les reprochó que no eran monoteístas y a los chiítas les reprochó que habían falsificado el Corán porque había atribuido el rango de infalibles a los imanes. A los Alawitas los catalogó como traidores que debían pagar su traición con la muerte. Convenció al gobernador de Egipto para que se uniese a la guerra islámica logrando repeler a los mongoles de Damasco. Sus ideas desaparecieron durante siglos de los debates teológicos reapareciendo en el siglo XVIII de la mano de Muhamad Ibn Abd al-Wahhab que se marcó como objetivo deshacerse de todo lo que no fuera islámico. Es la corriente del islam que se practica en Arabia Saudí en la actualidad y está fundamentada en la sumisión de los fieles al sheikh.

 

La radicalización del islam se produjo a raíz su declive alcanzando su punto máximo con las cruzadas. Durante mucho tiempo se practicó un islam tolerante hasta que debido a la expansión islámica, los sabios islámicos entraron en contacto con la filosofía griega así como con narraciones judías y bizantinas. Se empezó a forjar una nueva teología islámica que pretendía poder mantenerse a la altura de esos oradores tan doctos. Las corrientes más conservadoras del islam veían en clave de peligro esos contactos con oradores de otras religiones por posibles cismas en el futuro, guerras y la proliferación de escuelas coránicas sectarias enfrentadas entre sí. Es ahí donde se empezó a cuajar el concepto teológico de Ibn Hanbal que decía que había que volver a las raíces coránicas y a la interpretación literal de los suras lo cual implicaba la prohibición de la interpretación más allá de la literal.

 

La sumisión entendida como obediencia ciega al guía es un elemento fundamental de la ideología fascista y regímenes totalitarios, al igual que en el Islam. Cualquier díscolo es etiquetado de traidor o infiel y es repudiado o ejecutado. La sumisión es parte integrante del imaginario sunita e implica hacer sacrificios extremos por el bien del islam como dar la vida por él.

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El fenómeno Zelig

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Iñaki Errazkin | El fenómeno Zelig

Ayer vi por enésima vez la película “Zelig”, con Woody Allen como director, guionista y protagonista. Se trata de una comedia de 1983 que, en formato de falso documental, narra la historia imaginaria de Leonard Zelig, un individuo que padece una patología que le lleva a adoptar la personalidad y el aspecto físico de quienes le rodean, logrando confundirse con el entorno como si de un camaleón se tratase. El personaje que interpreta el señor Allen es capaz de segregar melanina a la velocidad de la luz para no destacar entre los negros, engordar en segundos para integrarse en un grupo de obesos o cambiar sus facciones en un instante para pasar desapercibido en cualquier Chinatown.


Sin llegar a estos extremos, he conocido a muchos Zelig en mi vida, de derechas, de izquierdas y mediopensionistas. Me refiero a esas gentes sin personalidad, de opiniones prestadas, que repiten y defienden como propios los argumentos que han oído o leído en este o aquel medio de comunicación. Lo hacen sin pretenderlo, estimulados inconscientemente por su necesidad de sentirse parte del rebaño. Es un síndrome humano, demasiado humano, que diría Nietzsche.

Cierto es que el que se exhibe se expone. Así, quienes tenemos la suerte de poder acceder a foros en los que compartir públicamente nuestros pensamientos contrarios al injusto orden establecido, somos objetivo preferente de los papagayos adoctrinados por el Cuarto Poder. Son los tontos útiles del Sistema, los que instalados en la más absoluta inopia intelectual niegan la vigencia de la lucha de clases porque así han sido aleccionados por los reptiles que venden a buen precio su palabrería en las tertulias. No importa si ellos mismos son parias de la tierra, pues, en su indefensión, han aceptado la tabla de valores impuesta por los amos de sus vidas y haciendas. Para ellos, quienes preconizamos la necesidad de luchar para transformar este planeta en un mundo más amable, justo y solidario, somos unos indeseables, subversivos y filoterroristas que ponemos en peligro no sé qué quimérica paz social.
En la otra ala del espectro político, los Zelig izquierdistas reproducen los mismos esquemas que sus adversarios. El miedo a desafinar les hace osados, llevándolos a justificar falazmente sus posturas sectarias con argumentos ad hóminem con los que intentan lesionar a los pensadores libres. La libertad incomoda a los esclavos.

El fascismo islámico, la Guerra Santa y la pornotopia del paraíso 1

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Catalina de Erauso | El fascismo islámico, la Guerra Santa y la pornotopia del paraíso 1

Esta es la primera parte de una reseña, tal vez resumen escueto, sobre un libro que no ha sido traducido al español todavía. Se trata de “El fascismo islámico” de Hamed Abdel-Samad. Contiene una infinidad de datos muy relevantes para entender acontecimientos recientes en el mundo islámico. Algunos datos pueden ser muy molestos, motivo por el cual el autor desata tempestades allí donde se presenta.

Hamed Abdel-Samad nacido en 1972 en Giza, El Cairo, muy cerca de las famosas pirámides es hijo de un imán de Egipto. Es hablante nativo de árabe, conoce el árabe clásico y las fuentes de sabiduría del islam. Con 23 años emigró a Alemania y se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad de Augsburgo. Vive en estos momentos en algún lugar de Alemania bajo protección policial porque el sabio islámico Mahmoud Shaabande la Universidad Al-Azahr de El Cairo pronunció una fatwa en 2013 en la que instaba a todos los musulmanes del mundo a asesinar a Abdel-Samad al haberlo acusado del delito de herejía por escribir un libro titulado Mi despedida desde el cieloque publicó en 2009. En este libro abogaba por un islam sin yihad (Guerra Santa), sin sharia (ley islámica) y sin proselitismo. Desde 2013 le acompañan varios policías las 24 horas del día y cambia de residencia cada cierto tiempo por indicación del Ministerio de Interior de Alemania. Cuando da charlas es siempre en medio de altísimas medidas de seguridad porque es el crítico del islam nacionalizado alemán que, posiblemente, mejor conozca el Corán, los hadices y la sunna por haber leído los textos originales en árabe clásico. Para los que no conozcan los entresijos de la religión islámica, el Corán es el libro sagrado que los musulmanes consideran que es la revelación divina directa, o sea la palabra de Dios que no se puede ni modificar ni cuestionar. Los hadices contienen palabras del profeta Mohamed no recogidas en el Corán y que fueron inmortalizadas por sus coetáneos estando estas sujetas a interpretación de los sabios islámicos debido a que algunas fuentes no son dignas de crédito. La sunna es la biografía del profeta. Estos tres elementos conforman el islam y han de ser vistos como una unidad indisoluble. Abdel-Samad se ha perfilado como el crítico más laureado y odiado del islam en Alemania, religión de la que él bebió desde su más temprana niñez en su casa. Su carrera de Ciencias Políticas le acercó a los autores de la ilustración francesa y alemana que despertaron en él la duda sobre su entramado de valores y creencias y le allanaron el camino para apartarse del islam. Cuando critica el islam, lo hace basándose en los textos coránicos originales además de los hadices y la biografía del profeta o sunna. Analiza todas estas fuentes evaluando el contexto histórico en los que se produjeron los hechos y los interpreta cuestionando la vigencia de sus doctrinas en el siglo XXI basándose en los derechos humanos universales hoy vigentes.Como la Guerra Santa es una obligación para todo musulmán, conviene recordar cómo se puede llevar a cabo. Con la palabra, con el corazón, o sea los hechos, o con la espada, es decir con la violencia. Todos los musulmanes que difundan el islam por cualquiera de estos métodos, obtendrán el premio más alto cuando mueran. Abdel-Samad analiza, entre otros, las recompensas a los jihadistas en su libro “El fascismo islámico”. 

Al capítulo “Jihad y la pornotopia del paraíso” le dedica 10 páginas (129-139 en su versión en alemán), es decir al galardón que reciben los que divulgan el islam por el mundo. Para entrar en materia, el paraíso se compone de siete jardines superpuestos que no están sujetos por pilares (31:10, 13:2) algo a lo que hace alusión el propio Corán en las suras 23:17, 23:86, 41:11-12, entre otras, y es una concepción del cielo que también está presente en la tradición judaica o en el propio Aristóteles. El cielo inferior está adornado por estrellas para proteger contra los satanes según la sura 37.6., 67.5. La descripción de los moradores del paraíso tiene marcados visos humanos e incluso la flora es similar a la terrenal. Los tamaños difieren porque se describe un árbol cuya sombra necesita un jinete 100 años en atravesar (Bukhari V8 B76 N559). El último de los jardines es el paraíso donde habita Alá, el cual está dividido en 100 compartimentos según Bukhari y está reservado a los muhahidin (los soldados del Jihad). Cuanto mayores sean las hazañas en la Guerra Santa, más arriba llega el soldado. El lugar más codiciado entre los fieles es Al-Firdaus, debajo del Señor, donde nacen los ríos que llevan agua, miel, leche y vino que no se corrompen ni producen cefaleas. Este es el paraíso que Hamed Abdel-Samad denomina pornotopia tomando prestado el término acuñado por el psicoanalista norteamericano Steven P. Marcus. Pornotopia es un estado fantástico dominado por la actividad sexual universal.

Abdel-Samad desgrana los elementos sexuales del relato del paraíso islámico basándose en las suras coránicas y los hadices enmarcándolos en su justo contexto indagando así en la personalidad del profeta. Afirma, no sin cierta ironía, que un relato de esa índole ya habría sido censurado en países árabes en los que sigue vigente la censura por ser el texto prolijo en detalles sobre la culminación del éxtasis sexual y el placer carnal en general, de ahí la alusión a pornotopia. Pero veamos qué ofrece el paraíso islámico según los hadices a todos aquellos que han llevado una existencia en consonancia con el islam en la vida terrenal. En el paraíso encontramos habitantes llamadas “huris” o mujeres vírgenes voluptuosas que están a la espera de los que han luchado por Alá. Hay 72 para cada buen creyente varón. Son de una belleza extrema, con ojos muy grandes y pechos voluptuosos que se inflan y que las huris apenas cubren con telas de seda. Además, pueden gozar de sus esposas que habían tenido en vida. Todas ellas tienen vaginas exquisitamente seductoras. Los hombres que han podido llegar al séptimo cielo son hombres que tienen erecciones infinitas que les permite fornicar sin pausa y sin cansancio. Por ende, existen las figuras de los eunucos que son los que sirven frutas, carne de ave y vino a los creyentes. Cada una de esas huris tiene 70 sirvientas que también están a disposición de los mártires. Por lo tanto, a cada mártir le corresponden 5040 mujeres como premio por haber muerto por la causa de Alá. Los autores de los hadices tenían una imaginación desbocada y narraban el acto del coito con todo lujo de detalles según Abdel-Samad. Dice así el teólogo medieval Al-Suyuti que las huris no pierden la virginidad a pesar de haber fornicado los mártires con ellas. El pene no conoce flacidez y “el coito es extremadamente dulce, no es de este mundo”, concluye. Este es solo un ejemplo porque hay una infinidad de consejos en los libros religiosos de cómo lograr el éxtasis sexual. Abdel-Samad afirma citando a Thomas Maul que resulta muy revelador que la unión con Alá se materialice en la satisfacción del instinto sexual del hombre y no en la unión con Alá. Todos los tabúes que existen en la tierra quedan derogados en el paraíso, pero no para las mujeres. Las mujeres siguen siendo el objeto sexual de los hombres también en el más allá. Las servidoras del sexo o huris no tienen mayores privilegios aparte de no quedar embarazadas y estar libres de menstruación. A mí me llama la atención que los moradores del séptimo cielo no tengan prohibido el consumo de alcohol.

El profeta tenía una relación ambivalente para con las mujeres según el autor del libro. Y esta ambivalencia estaba directamente relacionada con su biografía o la sunna. En su faceta misericordiosa, el profeta introdujo el derecho a parte de la herencia del marido, un hito en los derechos de las mujeres que enviudaban. Aconsejó a los musulmanes ser cariñosos y benevolentes con sus esposas. También dio por bueno que las mujeres que fuesen emprendedoras y tuviesen patrimonio propio, como ocurrió con su primera esposa y mecenas. Por último, dijo que las mujeres eran iguales ante Dios. Todas estas bondades contrastan con las facetas más misóginas de su personalidad. Tal vez por los celos que sentían algunas de sus esposas hacia Aishe, su esposa más joven y preferida, y los conflictos que se derivaban de ello, el profeta tenía otras pautas de comportamiento. Se casó con Aishe cuando esta tenía 6 años consumando el matrimonio a los 9 y cuando el profeta ya había cumplido más de 50 años. Aishe era la única virgen con la que se casó entre sus 12 mujeres porque las otras eran viudas, casadas o divorciadas. Y esa ambivalencia brota de su relación con la sexualidad.

El papel que desempeña la sexualidad en el islam no está nada claro según Abdel-Samad. Afirma que no se sabe si el islam está hipersexualizado o es puramente ascético. Para ilustrar esta duda, hace hincapié entre la discrepancia manifiesta entre cuadros medievales donde se presentan harems con mujeres medio desnudas en poses lascivas y las mujeres musulmanas tapadas de pies a cabeza. La sexualidad, añade, desempeña un papel primordial en el islam, pero siempre entendida desde la perspectiva del hombre. La relación del islam con la sexualidad es, en cualquier caso, contradictoria. En un extremo están las mujeres cubiertas de pies a cabeza que son omnipresentes en sociedades musulmanas sunníes y, en el otro extremo, una manada de personas con una sexualidad reprimida que no acierta a cumplir con los preceptos de su propia religión. Abdel-Samad sugiere que esa relación contradictoria refleja las vicisitudes de la biografía del propio profeta. Su primera mujer y mecenas Khadija murió en el año 619 cuando tenía 60 años. Mohamed tenía 15 años menos. Es a partir de ese momento que el profeta se casa con once mujeres. El matrimonio con la mayoría de ellas se produjo pasados los 55, cuando la potencia sexual masculina acusa un descenso sustancial según el autor. No tuvo hijos con ellas.

Para entender esta relación contradictoria con la sexualidad, el autor hace referencia a una anécdota muy conocida de la biografía del profeta. Se trata de la batalla contra los judíos Quraiza. Cuando Mohamed y sus soldados ganaron la batalla, uno de sus soldados pidió permiso al profeta para disfrutar carnalmente de una de las mujeres que tomaron como prisionera de guerra. Era Safiya y la rehén tenía una belleza singular. El profeta no se la concedió porque dijo que era para él. Por lo tanto, tuvo acceso carnal a ella sin que mediase su consentimiento aquella misma noche. Hoy lo denominaríamos violación. Al día siguiente, cuando Mohamed salió de su tienda de campaña se encontró a ese soldado delante de la puerta haciendo guardia. El soldado le confesó que se quedó fuera vigilando porque temía que Safiya se vengase de él asesinándolo porque el profeta había decapitado a su marido, a su hermano y a toda su tribu judía. Abdel-samad interpreta este hecho histórico en clave de guerra y dominación. La guerra islámica significa ocupación, asesinato de los varones, esclavización de sus mujeres y conquista de sus úteros para multiplicar el número de musulmanes dejándolas preñadas. La religión se transmite por vía paterna en el islam, al contrario que en el judaísmo donde se transmite por vía matrilineal. El autor relata que los soldados islamistas suelen hacer lo mismo actualmente cuando entran en pueblos cristianos en Siria e Iraq y lo siguen considerando como buena tradición islámica hasta el día de hoy.

La sexualidad no se entiende sin la virginidad en el islam. El culto a la virginidad es algo que el islam heredó del judaísmo en el cual las relaciones extramatrimoniales son objeto de sanción penal severa. Pero el culto a la virginidad ha sido exacerbado, si cabe, en el ámbito islámico. Precisamente porque 11 de las esposas del profeta no eran vírgenes, aconsejó a sus colaboradores lo siguiente: “Casaos con las vírgenes porque sus úteros son más capaces y sus labios son más dulces y además son más fáciles de formar”. De esto se deriva que el himen tiene un estatus jurídico singular según la ley islámica. Citando a Thomas Maul que ha examinado la jurisprudencia en Irán, afirma Abdel-Samad que la virginidad de una mujer vale más que su vida. Al igual que a una mujer le corresponde la mitad de la herencia que a un hombre, cuando esta es asesinada el perpetrador solo tiene que pagar la mitad de lo que debería pagar por un hombre a los familiares de la víctima. Ese pago se denomina dyya. Y lo interesante es cuando en lugar de asesinato se producen lesiones. El artículo 297 establece que el asesinato de un hombre equivale a 100 camellos. La misma tasa se estipula para los testículos, el izquierdo vale 66,6 y el derecho solo 33,33 camellos porque la shariaconsidera que el testículo izquierdo es el responsable de transmitir el sexo masculino. Por lo tanto, concluye Abdel-Samad que la vida de una mujer vale menos que el testículo izquierdo de un hombre. Pero si alguien le perfora su himen por violación, le corresponden 50 camellos además de la dote que le hubiese correspondido si se hubiese casado. Es decir, su himen es más valioso que su vida. La relación extramarital de la mujer se sanciona con la lapidación. Ahora bien, si esa mujer firma un contrato de matrimonio de duración limitada antes del coito, se puede acostar con quien quiera tantas veces como quiera sin salirse del corsé islámico chiíta de Irán. Es una práctica muy extendida entre los hombres iraníes. Abdel-Samad concluye con cierta amargura que las sociedades en las que domina el islam están bañadas de miseria y doble moral. El matrimonio, cuya única función es la reproducción del islam, es un contrato civil que estipula derechos y obligaciones para los contrayentes, correspondiéndole la vigilancia de su cumplimiento al estado.

Hay otros muchos relatos sobre el profeta recogidos en los hadices que rezuman animadversión contra las mujeres o, tal vez, misoginia manifiesta según Abdel-Samad. En este sentido, se sabe que el profeta llevó a su esposa preferida a un campo de batalla. A la vuelta, Aishe –que era una niña- se perdió y después fue encontrada en la tienda de camellos de otro hombre. Antes de que el profeta llegase a Medina, ya se hablaba de este tema insinuándose que Aishe le había sido infiel. Cuenta Abel-Samad que el profeta estaba dolido y estuvo llorando varios días. Un primo suyo le aconsejó que repudiara a Aishe, pero en ese momento le llegó una revelación divina que le aseguró que fueron los infieles quienes habían divulgado esa falsedad y Aishe no fue castigada por ese desliz. Algo parecido se repitió en las filas de sus esposas. Algunas de sus esposas acusaron a otra de haber mantenido relaciones sexuales con un esclavo. Cuando el verdugo fue a ejecutarlo constató que estaba castrado. Es a partir de este momento en el que Mohamed les impuso nuevas normas de vestimenta y comportamiento a todas sus esposas. Les obligó a cubrirse por completo y no podían hablar con otro hombre a no ser que mediara un muro entre ellos. Los islámicos tradicionalistas siguen favoreciendo este tipo de comportamiento hasta nuestros días porque fue la forma de actuar de Mohamed y él es el ejemplo a seguir. Abdel-Samad considera que el velo es un reflejo de la desconfianza del hombre hacia la mujer y también de la mujer hacia el mundo exterior.

El párrafo que sigue es casi la traducción literal del último párrafo del capítulo que se resume aquí. Hace hincapié sobre la miseria y doble moral en lo relativo a la sexualidad en el mundo islámico en vista de las vulneraciones de los derechos a la integridad física de las mujeres. Menciona los ataques con ácido a mujeres que no llevan velo así como crímenes de honor y lapidaciones que son comportamientos misóginos totalmente normalizados en sociedades musulmanas. Añade que, en los países como Afganistán, Egipto o Irán, en los que la sexualidad se tabuiza, las agresiones sexuales en la vía pública a plena luz del día alcanzan dimensiones inaceptables. Los islamistas convencen a hombres jóvenes de alistarse para la Guerra Santa en Siria porque les cuentan que allí está permitido el sexo por la Guerra Santa. En la guerra de Siria combaten muchos hombres jóvenes de estados musulmanes, mayormente del norte de África. Los sabios sunitas suelen apoyar la Guerra Santa sexual porque entienden que es lícito ese proceder al haber permitido el profeta practicar el sexo a sus soldados con las mujeres tomadas presas sin que medie el matrimonio tras una larga batalla para que pudiesen descargar su tensión sexual. Abdel-Samad ironiza diciendo que aquí se deroga la prohibición del sexo extramarital porque lo que se persigue es un bien mayor: la Guerra Santa. Se trata de motivar al soldado jihadista y promover sus fantasías sobre el paraíso que le espera si fallece en la Guerra Santa.

El capítulo contiene muchos más detalles que es imposible resumir en un artículo. Valga como resumen, que muchos hombres extremadamente pobres ven el paraíso como el lugar donde podrán alcanzar lo que añoran y jamás lograrán en vida al no disponer de patrimonio suficiente para optar a una sola mujer o a una vida medianamente digna. En el séptimo cielo les espera la abundancia material y la plenitud sexual. Por tanto, sufrir en la tierra es un mal menor comparado a la felicidad eterna a venir, les susurran los sabios en asuntos divinos. Han asumido el papel de pasar penurias porque la responsabilidad divina de guardar la honra de la familia recae sobre el varón y esa tarea los mantiene ocupados de por vida. El honor está estrechamente ligado al aparato reproductor de las hembras que ellos custodian con celo. Con mucho acierto indica Abdel-Samad que el control del vientre de las mujeres en la tierra y, por ende, su sexualidad siempre fue una de las prioridades de los regímenes fascistas.

Habrá otras dos entregas sobre este libro muy informativo y escrito de una forma amena. Para leer todo el libro, tendrán ustedes que esperar a que se traduzca al castellano.

 

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11 Preguntas sobre sexo a un obispo imaginario: honestidad vs. santidad

Destacado

A raíz de que el obispo de Oporto se ha retractado sobre el himen de la madre de Cristo, he decidido hacer estas preguntas. Conozco las respuestas de las feministas y otros grupos de personas. Me gustaría que me contestase un obispo.

11 Preguntas sobre sexo a un obispo imaginario: honestidad vs. santidad

  • Desde el punto de vista biológico, el embarazo se entiende como la fecundación de un óvulo por un espermatozoide, ¿cómo llegó el espermatozoide a las trompas de Falopio sin romper el himen de María, madre de Jesús?¿Se puede explicar esto sin recurrir al milagro o dogma? ¿Qué deben hacer los cristianos conocedores de la biología con el dilema del himen?
  • ¿Qué debe hacer una mujer cristiana cuando un hombre desconocido o su marido intenta violarla? ¿Qué debe hacer el sacerdote en este caso?
  • ¿Qué debemos hacer todos desde la fe cristiana para que los hombres no violen a las mujeres? ¿Cuál es la postura de la iglesia a este respecto?
  • ¿Disfrutar del sexo dentro del matrimonio con la mera intención del disfrute es lícito según la doctrina católica? ¿Y disfrutar del sexo fuera del matrimonio pero con consentimiento de las partes siempre y cuando sean adultos los que pretendan disfrutar del sexo ?
  • Si una mujer decide hacerse una inseminación artificial porque no desea tener marido, ¿cuál es la postura de la iglesia?
  • Cuando un sacerdote pregunta a los casaderos por su pureza, ¿pueden retornar la pregunta ellos mismos y hacer la misma pregunta al sacerdote? ¿Es la pureza antes del matrimonio garante de un matrimonio hasta que la muerte los separe? ¿Por qué no se renueva esa pregunta a los casados? Podríamos empezar por los reyes y mandatarios de todo el mundo.
  • ¿Cómo logran los sacerdotes católicos disertar sobre la sexualidad de hombres y mujeres habiéndose comprometido a ser célibes?¿Es por experiencia antes del sacerdocio? ¿En qué libros basan sus reflexiones que desean que las adoptemos todos los cristianos en nuestros imaginarios?
  • ¿Por qué tiene una importancia tan grande la virginidad femenina en el argumentario de ciertos hombres cuando su propia virginidad es una cuestión que ni se plantea? ¿Cuál es la postura de la iglesia al respecto?
  • ¿Vale la virginidad más que la honestidad en una relación de pareja duradera? Lo uno se pierde una vez y lo segundo no debería perderse nunca.
  • El obispo de Oporto ha dicho y después se ha retractado que la madre de Jesús era una mujer que se quedó embarazada como las demás mujeres pero lo especial en ella era que era pobre, buena persona y fue elegida para ser madre de Cristo. Además añadió que conoce a mujeres con el himen intacto pero que están lejos de Dios y otras con el himen roto y lo están más que las primeras. ¿Qué hay de malo en esta interpretación?
  • ¿Entiende el obispo imaginario que es difícil de ser cristiano cuando quienes lo predican no son personas ejemplares?