Elogio de los sillones

Jesús García Blanca.- Para la mayoría —incluyendo por supuesto a la mayoría de los políticos— los sillones constituyen un símbolo de carácter claramente peyorativo. Decir de alguien que su objetivo es “conseguir un sillón” —en alusión al cargo institucional que el sillón representa, ya sea el de un concejal, un diputado, un senador, un alcalde o un presidente— es la descalificación política más frecuente desde los argumentarios de los partidos hasta la barra del bar de enfrente.

En los últimos meses, el recurso a la descalificación del sillón se ha repetido hasta la saciedad, muy en particular en torno a las negociaciones posteriores a los resultados electorales del 20D, y de modo más concreto en relación con las propuestas de Podemos en las que pedía determinados puestos de responsabilidad en el futuro gobierno resultante de los pactos. Peticiones que se vieron inmediatamente transformadas en “sillones” en boca de sus adversarios y de los principales medios de comunicación.

La acusación de “querer sillones” no necesita aclaración posterior alguna. Es tal la carga de negatividad que posee, que no requiere adjetivos ni complementos. Y así, no es preciso que se diga “quieren sillones para disfrutar de privilegios” o “quieren sillones para robar al pueblo”. Basta con proferir “quieren sillones” y el resto ya está implícito, sobreentendido, marcado a fuego.

¿Por qué? ¿Por qué esa negatividad cuasi absoluta?

Estrictamente hablando, el sillón no representa al cargo institucional como decíamos, sino que más precisamente representa lo peor de esos cargos: privilegios legales, irregulares e ilegales: no es preciso concretar porque en esto nos sobra imaginación; en definitiva, todo eso con lo que nos saturan los medios y que apenas pesa en la conciencia de la gente por la sencilla razón de que ya lo daban por descontado. Al menos esa parte de la población indolente, que se regocija en la ignorancia política mientras mantiene con los políticos una relación de amor-odio considerándolos un mal necesario y metiéndolos a todos en el mismo saco, el saco confeccionado por los grandes grupos mediáticos de uno y otro lado, que al final son todos del lado de Arriba.

¿Qué pasaría si yo me presentara en la próxima reunión de mi comunidad de vecinos y dijera que durante años todo se ha hecho mal, que yo tengo muy claro lo que se debe hacer, que aquí está la lista y adiós muy buenas que se apañe el nuevo presidente? ¿Qué pasaría en cualquier colectivo si yo planteara críticas y aportara ideas… para que otros las trabajasen? Desde luego que a nadie le parecería razonable: si uno critica y pretende que las cosas se hagan de otro modo, lo lógico, lo honesto, es responsabilizarte personalmente, ponerte manos a la obra y no dejarles el marrón a los otros, máxime si los otros son precisamente los que tú has criticado.

Se podrá estar de acuerdo o no en que trasladar la lucha de la calle a las instituciones es una buena estrategia para los de abajo —ese es otro debate— pero si investimos de dignidad al sillón asegurándonos de cortar de raíz las ilegalidades e irregularidades que propician, si conseguimos mantener un comportamiento ético mientras los ocupemos, y si además —como ya está haciendo Podemos— recortamos drásticamente incluso los privilegios legales que ahora traen de regalo, entonces me da que “pedir sillones” no solo dejará de ser una descalificación, sino que se convertirá en lo que ya es en cualquier otro ámbito: una declaración de compromiso. Será como pedir la pluma para escribir, la tiza para enseñar o la guitarra para tocar, será bajar al tajo para cambiar la vida de la gente.

Para contactar con el autor: keffet@gmail.com

Fotografía: Ibán Pablo Sánchez (cedida por el fotografiado).

Andalucía Jornalera en Madrid: Entrevista a Óscar Reina, portavoz del SAT

Óscar Reina, tiene 25 años y es portavoz nacional y secretario general del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT). Desde el 15 de mayo se encuentra, junto a otros compañeros y compañeras del sindicato, en huelga de hambre para exigir el indulto de Andrés Bódalo encarcelado desde el 30 de marzo.

 

Llegando a Madrid, he oído murmullos sobre un conjunto de jornaleros y jornaleras que han recorrido más de 300 kilómetros para luchar por la libertad de un compañero que ha sido injustamente encarcelado. No comerían hasta verlo y tenerlo, se decretaron en huelga de hambre y acamparon en la Plaza del Sol el día 15 de mayo. Cuando aterrizo en Barajas, se habían trasladado a la Plaza de Lavapiés, tras una entrevista con Manuela Carmena. En el campamento del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), veo agolpada una multitud que curiosea e interactúa con las sindicalistas andaluzas. Algunas descansan y otras se encargan de atender a los medios, a la gente, recoger firmas, vender camisetas (buena tela, bajo precio) y garantizar el buen funcionamiento del campamento.

La plaza de Lavapiés recibe un sol que castiga y decenas de trabajadores y trabajadoras andaluzas reclaman la libertad de Andrés Bódalo, encarcelado el 30 marzo tras un proceso judicial plagado de irregularidades y con todas las pruebas en contra de la resolución adoptada. Piden firmes justicia, día tras día, mientras se mantienen a base de agua con limón, agua con miel o, incluso, agua con miel y limón. Es un grupo heterogéneo, desde personas mayores de extraordinaria vitalidad a jóvenes inquietos que destilan visión y compromiso, como la hija del propio Bódalo, María Victoria. Uno de esos jóvenes, Óscar Reina, tiene 25 años y es portavoz nacional y secretario general del SAT. Es una persona con un discurso justo, sereno y repleto de pasión y se ofrece para ser entrevistado con el propósito de profundizar en la valentía de un pueblo que lucha por su libertad y en la determinación de un activista como Andrés Bódalo y del grupo que pide su excarcelación.

Actualmente, el colectivo sindicalista se ha mudado a la Plaza de Jacinto Benavente, cumpliendo con su intención de ser una movilización itinerante. En los últimos días, han participado en la manifestación antifascista del 21 de mayo y en las Marchas de la Dignidad del pasado sábado. También han recibido el apoyo presencial de numerosos sindicatos alternativos del estado, de varias decenas de alcaldes y alcaldesas andaluzas, de representantes públicos y otros personajes de relevancia, así como de multitud de personas que visitan su campamento día a día. Además, han conseguido entrevistarse con la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, y recibir la confirmación por parte de la Subsecretaría de Justicia (el ministro no tuvo a bien personarse) de que el expediente del indulto de Bódalo ya se encuentra en los despachos del Ministerio a la espera de unos informes.

La lucha por la libertad de Andrés Bódalo sigue en las calles y en los corazones de la gente, con la resistencia y el tesón de los trabajadores y trabajadoras del SAT como una antorcha que reluce y empodera allí donde deja su huella. Ya son más de 12.000 personas las que han firmado a favor del indulto del sindicalista andaluz y debemos ser muchas más. A veces atiendes y tienes la suerte de escuchar, como dice Óscar Reina: “Por mucho que nos opriman y que intenten meternos miedo, no debemos rendirnos. El objetivo del capitalismo es el de mantenernos pasivos y que nos odiemos unos a otros. Decía Neruda: ‘Si nada nos salva de la vida, al menos que el amor nos salve de la muerte’”.

¿Cuál es la procedencia y la experiencia de Andrés Bódalo como activista?

Andrés Bódalo nace en Jódar, un municipio de Jaén, de 12.000 habitantes. Un municipio que registra una de las tasas de paro más altas de todo el estado español, en ciertos momentos del año roza el 80% con una media del 45-50%. Hoy, más de 2.000 trabajadores han tenido que emigrar a Navarra, al espárrago, y a Castilla y León, a la uva. De esta forma, Andrés Bódalo ha sufrido siempre, desde chico, en sus carnes la marginación social, la emigración, la precariedad y la miseria. Por eso, desde muy pequeño, ha sido una persona reivindicativa, pacífica pero reivindicativa, garante de los derechos fundamentales y luchador contra las injusticias que se realizaban contra su gente. Es en este contexto, donde Andrés Bódalo comienza a implicarse en movimientos sociales, involucrándose en el Sindicato Obrero del Campo (precursor del SAT). En esta organización empieza a tomar la palabra, es una persona carismática y representativa que aglutina y llega al corazón de la gente. Sobre todo, en estos tiempos que vivimos, resplandece en este sentido porque siempre ha sido el primero en el sacrificio y el último en el beneficio. Predica con el ejemplo y creemos que esa es la razón por la que el sistema capitalista lo considera una amenaza, es una persona digna que no quiere nada para sí y que lucha por la humanidad de manera altruista. Andrés Bódalo, en estos momentos, es un líder del SAT, sin cobrar nada del sindicato; es concejal de la agrupación del cambio Jaén en Común, refrendada por una gran cantidad de votos; y se presentó a las elecciones generales como número uno por Jaén en la lista de Podemos y le faltaron 1.000 votos para ser diputado.

En esta tesitura, la de un líder destacado que defiende los derechos humanos, es en la que Bódalo es acosado en múltiples ocasiones por la justicia, que sabemos que para unos casos es ciega y para otros es tuerta. Es ciega para los casos de Bárcenas, Rodrigo Rato, los Papeles de Panamá, los que se llevan su dinero a Suiza, para los que no cotizan y no tienen más patria que su bolsillo; y es tuerta para aquellos que defienden los derechos humanos recogidos en la Constitución, firmada como ‘símbolo de libertad’.

¿Cuáles son los casos de represión y hostigamiento del aparato policial o jurídico hacia el SAT?

657 personas de este sindicato están siendo procesadas por ocupar fincas.

Hay que aclarar que el SAT es el sindicato más represaliado de toda Europa. En estos momentos, 657 personas de este sindicato están siendo procesadas por ocupar fincas, por reivindicar pan, techo y dignidad en Andalucía. 657 imputadas entre los que yo me encuentro con una petición de 5 años de cárcel por la famosa expropiación de alimentos en Mercadona y de material escolar en Carrefour y por la ocupación de la finca militar de Las Turquillas, una extensión de 1.200 ha cuyo único uso actual es la cría ganadera para uso militar. Creemos que esto es una injusticia en la Andalucía en la que nos encontramos. Lo dicho, las cifras totales son muy reveladoras: 657 personas procesadas, más 700.000 euros en multas y más de 400 años de petición de condena para el conjunto del sindicato.

¿Cómo fue el caso de Andrés Bódalo?

En su caso particular, lleva mucho tiempo sufriendo las represalias porque cada vez que se ocupa una finca para reivindicar tierra y trabajo, ahí están las multas, los juicios y las condenas. Concretamente, Andrés ha sido acusado y condenado a tres años y medio de prisión por un supuesto delito de atentado contra la autoridad en el marco de unas movilizaciones que se dieron en septiembre de 2012. En el caso de Jódar, el pueblo de Bódalo, la gente se había quedado sin trabajo y sin los días para el subsidio agrario de desempleo debido a una mala campaña con pocas lluvias y mucho calor.

Nuestro primer objetivo es la libertad de Andrés Bódalo, pero una vez la consigamos, tenemos que volver pronto porque queda mucho por hacer y construir en Andalucía

Por ello, los jornaleros se encerraron durante 15 días en la Casa de la Cultura de Jódar pidiendo un plan extraordinario de trabajo y que se rebajara el requisito de las 35 peonadas para acceder a la prestación por desempleo. El Ayuntamiento, por su parte, hizo oídos sordos y tras una quincena avisó a las fuerzas especiales para expulsarlos del edificio. Los trabajadores, en señal de protesta, hicieron una asentada en la puerta del Ayuntamiento. El concejal socialista y teniente de alcalde, en vez de escuchar al pueblo y preguntar por qué llevaban quince días protestando, no tuvo otra cosa que hacer que pasar por encima de los trabajadores y es entonces cuando se produjo un tumulto con forcejeos. En ese momento, Andrés Bódalo cogió su megáfono e intentó hablar para apaciguar los ánimos aclarando que el concejal no era su enemigo, pese a lo que había hecho, sino que éste se encontraba en los despachos y gobiernos que estaban por encima, recordando que nuestro movimiento es pacífico y rechaza la violencia. Todo eso está grabado en un vídeo de la Guardia Civil que circula por internet y está registrado en los testimonios de los propios agentes, pero ambas pruebas han sido rechazadas por el tribunal.

También hay que decir que el juicio, que en principio iba a ser un proceso de faltas, atribuye delito a Bódalo tras las denuncias de un policía local, que de casualidad (o causalidad) es familia del alcalde del pueblo. Así, de esta manera, el tribunal sólo tiene en cuenta las declaraciones del primer edil, el concejal socialista y el guardia municipal mientras que obvia las afirmaciones y pruebas de la Guardia Civil.

Por si eso fuera poco, suceden cosas que enturbian más el proceso judicial. Cuando presentamos recurso al Tribunal Supremo -como toda persona, en este estado que se dice democrático, tiene derecho en segunda instancia- nos denegaron esa posibilidad porque la procuradora que debía enviar la documentación a las instancias del Supremo no entregó el recurso a tiempo. Es por ello que Andrés Bódalo se encuentra indefenso y se le niegan sus derechos fundamentales, por culpa de un error burocrático.

Los mensajes y consignas intentan llegar tanto a residentes como a turistas.

¿Cómo se desarrolla la protesta?

A raíz de esta injusticia, viajamos inmediatamente a Madrid para interponer ante el Constitucional un recurso de amparo para que admitieran el caso de Bódalo en segunda instancia, un recurso de suspensión de condena y una petición de indulto. Pese a todo, metieron a nuestro compañero en la cárcel el pasado 30 de marzo y nosotros llevamos acampados desde el día 29, desde que supimos que vendrían a llevárselo. Estuvimos primero en Jaén, en las puertas del sindicato (donde estuvimos con Andrés y lo apresaron), luego nos trasladamos a las puertas de la prisión donde se encontraba y más tarde fuimos a Jódar, su pueblo natal, donde nos quedamos para completar 38 días de movilización.

Después de tres manifestaciones con más de 5.000 personas y una marcha a la cárcel en la que participaron más de 10.000 personas para reivindicar la libertad de nuestro compañero, no hubo respuesta alguna. Por esta razón, decidimos caminar hacia Madrid desde Jaén, porque creemos que hay que darlo todo por los compañeros y que aquí, en este sindicato, no se rinde nadie ni dejamos tiradas a las personas. Desde entonces, estamos en huelga de hambre y no nos vamos de aquí ni dejamos el ayuno hasta que nuestro amigo esté en libertad.

‘las causas por las que luchamos son difíciles pero tan justas que algún día lo conseguiremos’
Sólo hubo una respuesta tras la marcha a la capital: la Audiencia Provincial de Jaén anuncia que estarían dispuestos a aceptar el indulto parcial de Andrés Bódalo (la pena sería recortada a la mitad y podría salir de prisión). De momento, seguimos esperando la respuesta del ministro de Justicia, Rafael Catalá, a quien hemos solicitado un cita, al igual que a la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril. Además, fuimos recibidos por Manuela Carmena, quien nos ofreció su persona y sus herramientas para difundir la causa que defendemos y facilitar la libertad de Andrés.

Después de que se haya dado el tercer grado a gente como Ángel Carromero y Carlos Fabra y el indulto a personajes como Emilio Botín, creemos que una persona como Andrés Bódalo, un jornalero que ha recibido el apoyo y la firma de miles de personas para salir de prisión y que saben que es inocente, merece el respeto de sus derechos.

Andrés representa el sentimiento de libertad andaluz, una emoción que no se puede encarcelar. De esta forma, seguimos aquí. Como diría Diamantino García, fundador de nuestro sindicato, ‘las causas por las que luchamos son difíciles pero tan justas que algún día lo conseguiremos’. Por mucho que quieran reprimirnos y encarcelarnos, podrán cortar todas las flores pero no acabarán con la primavera.

¿Cuál es el plan a seguir a partir de ahora?

Estuvimos los tres primeros días en la Plaza del Sol. Después, llegamos a un acuerdo con la alcaldesa de la ciudad, nosotros nos movemos de Sol y ella colabora con nuestra causa. Actualmente, nos encontramos en Lavapiés (ahora en Jacinto Benavente) y, si las fuerzas nos lo permiten, nos desplazaremos a otras plazas y otros barrios para que se conozca por qué estamos aquí y cómo luchamos por la libertad de nuestro compañero.

¿Cómo se encuentra Andrés Bódalo en prisión? ¿Podéis establecer contacto?

Sabemos a través de su familia que se encuentra en buen estado. Está retenido en una zona en régimen de respeto, así que dentro de lo malo, no es lo peor. Pero, de todas formas, sabemos que no lo están tratando tan bien como podrían y que sufre algunos correctivos de manera arbitraria. Por su parte, Andrés aguanta y sigue firme, sabe que es una molestia para el sistema. Pero claro, quiere salir cuanto antes de allí porque a nadie le gusta estar encerrado, no es un sitio agradable. Menos aún cuando se trata de una persona como Andrés, cuyo espíritu es libre y no soporta estar encarcelado, en este caso, de manera injusta.

¿Qué sectores, en especial en el ámbito mediático, han mostrado su apoyo, rechazo o indiferencia hacia vuestras acciones?

Existen una serie de medios de comunicación, que pertenecen a la derecha más rancia del país, que han cargado sistemáticamente contra nuestra causa, como la cadena 13TV y algunos periódicos, que han mentido y que han falsificado para desacreditar nuestra lucha. Por otra parte, los principales medios de comunicación e instituciones nos han ignorado, demostrando su desdén por los problemas de la gente.

Pero, afortunadamente, existe mucha gente que siente la justicia social como una responsabilidad y se ha solidarizado con nosotros. Queremos agradecer ese apoyo a los colectivos y organizaciones que nos han visitado y se han manifestado a favor de nuestra protesta, a los vecinos de Madrid y del barrio de Lavapiés por mostrar su amabilidad, compartir con nosotros y colaborar con nuestro campamento; a la gente que muestra su apoyo desde todos los rincones del país, a los pocos medios de comunicación que se han acercado a conocer nuestra historia, en definitiva, a todas aquellas que no pueden aguantar la injusticia y luchan para erradicarla. También queremos mostrar nuestra gratitud a Manuela Carmena, junto a otros cargos públicos, por practicar su apoyo a nuestra causa como jurista, persona y alcaldesa.

¿Podrías hablarnos del marco actual de reivindicaciones y acciones del SAT?

Nuestro primer objetivo es la libertad de Andrés Bódalo, pero una vez la consigamos, tenemos que volver pronto porque queda mucho por hacer y construir en Andalucía. Nos consideramos un sindicato alternativo, asambleario y anticapitalista. No somos una organización al uso. Estamos en los centros de trabajo con los trabajadores y trabajadoras en la lucha contra la precariedad y por los derechos laborales, pero creemos que lo más importante es la acción directa, es lo que nos diferencia de otros sindicatos. No creemos ser sólo un sindicato, sino un movimiento social y entendemos que así debe ser. Hay que estar en las calles, desde abajo, en la izquierda, con los descamisados, con las sin voz, con las maltratadas por este sistema patriarcal y perverso, el sistema capitalista. Actuar desde abajo significa estar en las ocupaciones de fincas, en las expropiaciones de alimento y de material escolar (como en los famosos casos de Mercadona y Carrefour). Creemos que en pleno siglo XXI, donde hay quien considera que se han conseguido todos los derechos, tenemos que generar la contradicción y dar un paso más. Para nosotros, eso significa acción directa no violenta.

Preferimos el pan del pobre que comparte con nosotros que las dos monedas que le sobran al rico
En el caso de Andalucía, donde el 50% de la tierra está en manos del 2% de los terratenientes, es necesario entregar a los trabajadores aquellas fincas con potencial productivo que están sin cultivar, como es el caso de la finca de Las Turquillas, en la comarca de la sierra sur de Sevilla, donde bastas extensiones cultivables se usan para la cría de unos cuantos caballos. En la situación en la que nos encontramos, en una de las provincias con más paro de toda la comunidad, creemos que es tremendamente injusto. Por eso, la hemos ocupado varias veces y, por este motivo, nos piden decenas de años de prisión y cientos de miles de euros en multas.

Creemos que el sindicalismo del siglo XXI tiene que dar un paso más y no se puede quedar sólo en los centros de trabajo. Tiene que actuar y apoyar a los desfavorecidos, en la calle, estar en los movimientos antidesahucios, okupas, en defensa de la sanidad, de la educación, con todos aquellos que luchan contra el capitalismo, el cáncer de esta sociedad. Tampoco podemos olvidar a los movimientos ecologistas, hay que avanzar en el decrecimiento y la sostenibilidad, o damos ese paso o estamos condenados a la extinción. Luchar contra los transgénicos y por la soberanía alimentaria (una batalla muy presente en Andalucía). Son procesos que van de la mano del anticapitalismo.

Tenemos la gran misión de seguir peleando juntas, la responsabilidad de no arrugarnos y seguir defendiendo las causas justas y necesarias. Por lo menos, si no las conseguimos, tendremos la legitimidad de haberlo intentado y poner nuestro grano de arena en esta lucha. Una lucha digna y justa, por la verdad, la justicia, la democracia y la igualdad.

¿Tenéis una caja de resistencia en funcionamiento?

Tenemos una caja de resistencia para las multas que se encuentra en nuestra web y que está a disposición de todo el que quiera aportar. Como ya hemos señalado, somos el sindicato más represaliado de toda Europa y no precisamente por llevarnos el dinero a Suiza, sino por defender los derechos humanos. Por eso, hacemos un llamamiento a la solidaridad. Preferimos el pan del pobre que comparte con nosotros que las dos monedas que le sobran al rico.

Autor: Ramón P. Yelo

BDS o la lucha contra el crimen del Apartheid

Luz Marina López Espinosa.- Cuando en el año 2005 ciento setenta organizaciones de la martirizada sociedad civil palestina idearon la campaña BDS contra Israel –Boicot, Desinversiones y Sanciones- y llamaron a los pueblos del mundo a acompañarla para con este mecanismo obligar a esta nación a cesar la ilegítima ocupación de su territorio, permitir el retorno de los millones de refugiados desperdigados por la tierra y reconocer los derechos de los palestinos que viven en Israel, no imaginaron que diez años después el tema central de la diplomacia israelí sería criminalizar el BDS. Esto, a través de los medios de prensa que controlan y la presión sobre los gobiernos, motejándolo de movimiento terrorista. Además de la manida impostura de aparejarle el cargo de antisemita.

Por ello, hablar de la campaña BDS y la cruzada mundial del estado sionista para que todos los gobiernos la criminalicen –ya lo hicieron el Reino Unido, Francia y Canadá a despecho de las 352 organizaciones sociales que le reclaman a la Comisión Europea su derecho a apoyarla-, obliga a recordarle al mundo que selectivamente ha cometido un memoricidio, algunos datos de esa historia desparecida. Historia que registra una de las páginas más horrendas de la humanidad, por los niveles de ferocidad barbarie a los que el odio llegó.

Porque lo que ocurre en la Palestina ocupada, que no hay que llamarse a engaños es todo el territorio histórico de esta nación, y aún en Israel con los palestinos que son ciudadanos israelíes, constituye a todas luces, sin discusión alguna, el crimen de Apartheid, un crimen de derecho internacional en este caso más agudo que el del inmediato referente histórico del estado surafricano con la población negra. El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional en el año 2002, y la Convención Internacional sobre la Represión y el Castigo del Crimen del Apartheid de la Asamblea General de la ONU de 1973, lo definieron como “Actos inhumanos cometidos con el propósito de establecer y mantener la dominación de un grupo racial de personas sobre otros grupo racial y oprimirlo sistemáticamente.” Y que nadie honrado desconozca que lo que el estado sionista hace con los palestinos no cumple y desborda en exceso esta definición, a menos que maliciosamente se quiera acudir a la coartada de reducir el concepto racial al color de la piel, para alegar que lo que allí ocurre no tiene relación con esto.

El desenlace del actual drama Palestino que se prolonga ya por 68 años a los ojos indolentes del mundo que cuando se pone en la mesa de discusión el tema habla de los campos de concentración de Hitler como si fueran hoy, comenzó en 1947 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas –sin autoridad ni fundamento jurídico alguno pero eso ya es otro problema-, resolvió que el territorio de Palestina, ocupado abrumadoramente por palestinos desde hacía centurias y propietarios ancestrales de la casi totalidad de las tierras-, debía partirse para crear dos estados: unos judío, y otro palestino.

No habían dicho lo anterior las Naciones Unidas cuando a los pocos meses, el nueve de abril de 1948, ejércitos paramilitares bajo el ideario del sionismo y con el designio de construir una gran nación en ese territorio que aún no tenía estatus de estado, ejércitos esos que venían consolidándose desde comienzos del siglo cuando el territorio era un Protectorado administrado por el Reino Unido y eran la única fuerza militar organizada en la región, cometieron la primera masacre de las cientos que perpetraron y se seguirían perpetrando hasta este 2016: la de la mayoría de los habitantes del poblado de Deir Yassin, pacífico pueblo palestino de 700 habitantes, crimen que incluyó actos tan abominables como violar a las niñas delante de sus padres para después matarlos a unas y otros, y abrir el vientre de las mujeres embarazadas. Hecho abundantemente documentado en su época, confirmado por la Cruz Roja Internacional y con profusión difundido por la prensa mundial. Hoy totalmente borrado de la historia. Allí, en jurisdicción de ese pueblo, donde al igual que en todos donde operó la limpieza racial y como parte de ésta, se borraron las huellas de la cultura, la tradición, los nombres y aún los cementerios que daban testimonio de quienes los habitaban para imponer la idea de que Israel existía desde tiempos bíblicos, allí las autoridades israelíes levantaron un monumento a las víctimas… del holocausto judío.

Esas fuerzas paramilitares, milicias que no obedecían más que a su fanatismo de ser “raza superior” con derecho y vocación de constituir un estado propio en ese territorio con exclusión de las “inferiores” árabes así fueran estos sus ocupantes y propietarios milenarios de esas tierras, mediante actos de terrorismo -reivindicados abiertamente como tales y legítimos para su causa-, pusieron en obra los propósitos de su ideología discriminatoria: mataron, despojaron y expulsaron a la población árabe de la región en aras de constituir esa entidad política racialmente y culturalmente pura. Esta entidad era el estado de Israel. Era el proyecto sionista de Theodor Herzl, Chaim Weizmann y David Ben Gurión. Este ya había dicho en 1937: “Sabemos cómo hacerlo”. Y a fe que lo sabían según se vio y ve aún hasta hoy con el martirio de Gaza, reconocida como un campo de exterminio y el de concentración más grande del mundo.

“Ocupar, quemar, borrar Palestina” y “Una casa destruida no es nada. Destruid un barrio y comenzaréis a causar alguna impresión” fueron dos de las directrices de Yitzar Rabin en 1947 –posterior primer ministro de Israel y Premio Nobel de la Paz en 1994- cuando comenzó el proceso de limpieza étnica con las masacres de Lydda y Ramla en 1948, dos poblaciones palestinas que se interponían en la “línea sagrada” que unía a Tel Aviv con Jerusalén. La violación de mujeres en Lydda, fue reconocida por Ben Gurion en su diario.
La masacre de Deir Yassin era un mensaje claro y contundente de los ideólogos y ejecutores del proyecto sionista a la población árabe de la región: o se van, o les sucederá esto. Era mediante el expediente de causar el máximo terror sobre una población no organizada militarmente y en consecuencia en imposibilidad de resistir a la agresión de una que sí lo estaba y no respondía a ningún código de conducta, obligarla a huir de lo que era su territorio ancestral. Y no hablaban por hablar: después vinieron 531 masacres en igual número de pueblos y once en territorios urbanos, incluida la importante y rica ciudad de Haiffa, “liberada” en el mismo 1948 con el asesinato masivo de sus habitantes y la expulsión de los sobrevivientes, a muchos de los cuales les impuso morir en altamar. Haiffa, era ciento por ciento árabe ¿y cómo se “desarabizó? La misma fórmula de Ben- Gurión y Titzar Rabin, ahora dada por el jefe de las brigadas sionistas de la región, D. Maklef, posterior jefe del estado mayor del ejército de Israel: “Matad a cualquier árabe que os encontréis …prendedle fuego a todos los objetos inflamables… y forzad la apertura de las puertas con explosivos”.(1)

Fue la Nakba o cruel limpieza étnica que conmemoran con dolor los palestinos, y celebran orgullosos los israelíes, de la cual se cumplen 68 años frente a la cual el mundo civilizado guarda criminal silencio sólo explicado por la hipocresía de sus discursos sobre la justicia y el derecho internacional, amén del intangible e inalienable de todos los hombres de la tierra a vivir seguros, en paz y hasta donde la utopía lo permita, felices en su propio territorio.

En 1948 Israel dio orden a los soldados de matar a niños palestinos mayores de diez años. Esta deshumanización se complementó cuando en 1967 después de la ocupación de ese año, se creó un tribunal especial en el ejército para juzgar y encarcelar niños palestinos, situación que pervive hasta hoy cuando ante los ojos de la hipócrita comunidad internacional, vemos a niños maltratados, heridos y puestos en prisión por soldados que no se avergüenzan ante la presencia de cámaras que los captan armados luchando cuerpo a cuerpo con los pequeños. Cuando no disparándoles a quema ropa.

Esa situación que a cualquiera horrorizaría como recuerdo superado de un pasado ominoso, es del día a día en Palestina. Sí. Hoy Israel en los territorios ocupados, asesina niños sin pudor y sin la menor consideración por lo que la comunidad internacional opine. Y a quien reclame sobre esta atrocidad, se le acusa de antisemitismo. A veces como es común, se los mata simplemente disparándoles a mansalva “porque sí” –siempre será un potencial terrorista y por lo tanto peligroso para la seguridad de Israel-, otra veces, las más piadosas, apenas como “daño colateral” de una acción militar no expresamente dirigida contra ellos. Es cuando Israel “porque sí”, en el 2008 o en el 2009, o el 2014 o cualquier día de cualquier año, decide bombardear un barrio habitado por miles de palestinos inermes, sus casas, escuelas, guarderías y aún los hospitales bajo protección de la ONU, y dentro de los miles de mayores despedazados quedan los cuerpos de 400 o 500 niños. Daño colateral apenas. Culpa de sus padres que no desocuparon el barrio dejando a los niños con ellos para que les sirvieran de escudos.

No es entonces el cargo de sionista un insulto, una agresión o una calumnia que se lanza sobre el estado de Israel y los agentes del poder gobernante –y sus partidarios y electores desde luego-, que allí manda desde 1948. Es una realidad mil veces documentada entre otras cosas con las palabras y libros escritos por los constructores de ese estado. Que hoy, cuando el mundo –el mundo representado en la misma instancia que ordenó dividir Palestina y crear el estado de Israel-, condena al sionismo como racismo, como doctrina de odio y discriminatoria, (2) los epígonos del estado sionista –y otra vez, no se dice como insulto-, esconden ese carácter e ideología, no la enarbolan públicamente, sino que siendo judíos como en efecto son, la enmascaran dentro de esta respetada y respetable tradición religiosa y cultural.

Entonces cuando se tachan los crímenes de Israel y desde lo más honroso de la conciencia de la humanidad se inician campañas como BDS. –Boicot, Desinversiones y Sanciones-, para obligar a Israel a acatar el derecho internación de los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario y poner fin al crimen del Apartheid contra Palestina, se lanza desde Israel, sus embajadas en todo el mundo y sus organizaciones, una agresiva campaña de medios para denunciar la oleada de “antisemitismo”, de odio contra Israel y contra los judíos. Se trae a colación a Hitler, los campos de concentración y el holocausto, y se exige se reconozca “el derecho de Israel a existir”. Y punta de lanza de esta campaña, son los periodistas de todo el mundo a quienes el estado sionista selectivamente escoge para tours pagos por Israel donde les muestra las bondades de ese estado, la pureza moral de su sistema y lo intachable de su democracia, “flor que florece en un desierto, entre un vecindario de abrojos”. Esos periodistas entonces, responden a la atención que se les hizo, y por sus medios hablados, escritos y audiovisuales, atacan el BDS y ciegos y acríticos difunden los comunicados de la embajada y de sus organizaciones, y dicen que “Israel tiene derecho a existir”, que no se debe apoyar el antisemitismo. Son los mismos que callaron en julio del 2014 cuando el mundo horrorizado vio los cuerpos de aproximadamente 2.500 palestinos destrozados, entre ellos alrededor de 450 niños, por los bombardeos de Israel sobre sus casas, orfelinatos, colegios y hospitales. A ninguno de ellos se les ha oído nunca decir “Palestina tiene derecho a existir”.

La verdad más contundente que se puede decir sobre todo esto, es que el mundo tiene una deuda con Palestina. El derecho al retorno a sus hogares por un pueblo despojado de ellos y desplazado en una cruel diáspora que se pretende además de borrar de la historia “normalizar” mediante la admisión de ese estado de cosas como natural y justo, es reconocido y reclamado tanto por el DIH, los DD.HH, el de Gentes o Ius Cogens, la jurisprudencia de las cortes internacionales, como por la conciencia de los pueblos. De todo ello se burla Israel, de ello hace irrisión, al igual que lo hizo con los Acuerdos de Oslo –que le merecieron el Premio Nobel de la Paz a Isaac Rabin compartido con Yaser Arafat-, para proceder a exactamente lo que en el Acuerdo se comprometía a no hacer: aumentar el despojo de tierras y las colonias en ellas, desplazar más palestinos, encarcelarlos, torturarlos y asesinarlos e impedir la constitución de su estado. Por eso, propósito central de la campaña BDS es que a Israel se le imponga la obligación de acatar el derecho internacional, y que el mundo y en particular occidente no le reconozcan el abusivo privilegio de actuar por fuera de él, sin que a su respecto sean vinculantes las Declaraciones, Pactos, Tratados que rigen para otros países y se les exige acatar. Esto, al precio incluso de ser destruidos y asesinados sus ciudadanos por millones si las potencias vestidas con los alamares y usurpando el título de “comunidad internacional” e instrumentalizando a la ONU, sesgadamente consideran que ese Estado se salió de los parámetros trazados en cualquiera de esos Tratados.

Hay sin embargo una parte gratificante en esta historia, que además desvirtúa las imposturas con las cuales se pretende criminalizar al BDS. Tanto en Israel –repárese bien: en Israel-, como en América Latina y en Europa, gestores importantes en el nacimiento y desarrollo de la campaña, son ciudadanos judíos. Personas y organizaciones que ya desde lo nacional, lo religioso o lo cultural, no aceptan, no conciben, que la existencia de su Estado sea a costa del genocidio de un pueblo, de la vulneración de sus más elementales derechos. Y que bajo la coartada de la seguridad para ese Estado y de su “derecho a existir”, se niegue la existencia ya no sólo del Estado sino del mismo pueblo palestino, y en nombre de esa causa se cometan crímenes abominables. Esos judíos son los que al lado de millones de hombres y mujeres de todo el mundo, militan en el mejor partido, el partido de la humanidad.

Luz Marina López Espinosa es periodista de Alianza de Medios por la Paz

En Twitter: @koskita

(1) Walid Khalidi en “Selected Documents on the 1948 Palestine War”, citado por Jorge Ramos en “Rebellion” (www.rebelion.org/noticia.php?id=167142)

(2) Resolución 3379 de la Asamblea General de la ONU del 10-XI-1975 que equiparó el sionismo al racismo, Resolución 3151 del 14-XII-1973 que condenó la “alianza impía” entre el racismo surafricano y el sionismo, al igual que la Declaración de México de la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer en 1975, que proclamó el principio de que la paz exige entre otros, el fin de la ocupación extranjera y del sionismo. Similares condenas han hecho la Asamblea de la Organización de la Unidad Africana, y la Conferencia de Ministros de Países No Alineados.

Las dictaduras de Albert Rivera

Javier Lezaola.- Eduardo Inda, que no pierde ocasión de referirse a lo que él llama “la dictadura venezolana”, entrevista a Albert Rivera y le pregunta precisamente si Venezuela es una dictadura (se supone que para que le responda que sí), pero el presidente de Ciudadanos no le contesta que sí. Y es que Rivera no podía responderle que sí (entre otras cosas, porque todo el mundo sabe que ninguna dictadura le habría permitido lanzar una diatriba contra su Ejecutivo desde su propio Legislativo, que es lo que hizo él durante su gira venezolana), pero tampoco podía contestarle simplemente que no (entre otras cosas, porque ni a quienes lo enviaron de tournée a Venezuela ni al propio Inda les habría hecho ninguna gracia), así que a Rivera se le ocurrió responderle que Venezuela “es incluso peor” que una dictadura, pues “las dictaduras no tienen libertad, pero tienen cierta paz y orden porque todo el mundo sabe lo que hay”.

Para la cinta, que diría José María García.

Rivera reconoce que entre el Gobierno chavista y una dictadura, prefiere una dictadura. ¿Quiere esto decir que preferiría que Nicolás Maduro gobernara de forma dictatorial? Es evidente que no. Entonces, ¿cuáles son las dictaduras que prefiere el presidente de Ciudadanos?

Antes de nada, que conste que Rivera vuelve a deslizar el discurso de ese poder económico-financiero para el que lo importante siempre ha sido garantizar y ejercer su dominio, y hacerlo bajo apariencia democrática o bajo forma dictatorial siempre ha sido una cuestión secundaria. Ese poder económico-financiero que utiliza la democracia mientras esta le permite garantizar y ejercer su dominio y que recurre a la dictadura cuando lo considera necesario precisamente para garantizar y ejercer ese dominio. Y que ataca y trata de desestabilizar tanto a las dictaduras como a las democracias (ese “es incluso peor que una dictadura” que Rivera respondió a Inda es un ejemplo de ello) cuando el poder que ejerce el dominio no es él, que es lo que pasa en Venezuela.

Las dictaduras que Rivera prefiere al Gobierno chavista son precisamente esas a las que el poder económico-financiero recurre cuando no puede garantizar y ejercer su dominio bajo apariencia democrática. A esas dictaduras se refiere Rivera cuando dice que tienen “cierta paz y orden” porque “todo el mundo sabe lo que hay”. “Cierta paz y orden” es un eufemismo de la sumisión general de los dominados a ese poder económico-financiero y “todo el mundo sabe lo que hay” es un eufemismo del terror de esos dominados a la represión que esas dictaduras ejercen sobre la disidencia política.

Por eso los conceptos ‘democracia en general’ y ‘dictadura en general’ no sirven para explicar lo que está pasando y lo que está en juego hoy en Venezuela y mañana en cualquier otro país del mundo. Por eso, nada más volver de su gira venezolana (durante la cual se le permitió hasta lanzar una diatriba contra Maduro y su Gobierno desde la propia Asamblea Nacional), Rivera reconoció que Venezuela no es una dictadura, pero añadió que es “incluso peor” que una dictadura. Habló demasiado. Y lo dijo todo.