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Reseña sobre el Archivo Personal de Joseba Azkarraga

Publicada el 7 febrero, 20267 febrero, 2026 por elhuron
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Catalina de Erauso | Reseña sobre el Archivo Personal de Joseba Azkarraga

María del Olmo ha publicado un libro sumamente relevante sobre un archivo documental personal que le envió Joseba Azkarraga pidiéndole la clasificación y archivo de los documentos que contenía de acuerdo con los criterios de archivística más modernos. Su biografía pesa 400 kilogramos y le llegó a Del Olmo en 22 cajas de palé donde encontró cartas, recortes de periódico, artículos que había escrito, anotaciones manuscritas, fotos y demás. Cuando abrió las cajas se percató de que los documentos estaban escrupulosamente ordenados, lo que le facilitaría enormemente su labor de archivo. Ese archivo personal es público y podrá consultarlo quien quiera.

La importancia de la archivística en nuestros días

Deseo abordar esta reseña citando estas palabras de Del Olmo que son la síntesis de toda labor archivística a la que ella ha consagrado y consagra todo su conocimiento, saber hacer, tiempo y tesón. Los archivos son los ingredientes indispensables para poder relatar la historia y Del Olmo es plenamente consciente de ello porque afirma que

tras conocer con detalle el fondo documental de Joseba Azkarraga, me confirma en el convencimiento personal de que está por escribir lo ocurrido en la llamada «cuestión vasca» desde la verdad.

Y esta reflexión suya es muy significativa porque la historia guarda muchos recovecos tenebrosos que hay alumbrar. De ahí la importancia de archivar documentos que permitirán a futuras generaciones entender qué pasó en un momento determinado. ¿Y por qué los medios de comunicación no alumbran estos espacios oscuros, se preguntarán ustedes? Unos por intereses mundanos y otros porque la visión microscópica impide ver el patrón general a no ser que una legión de periodistas se dedique a diseccionar, clasificar y analizar el día a día para completar el puzzle de la realidad a diario, por semanas, mensualmente y por años. No es lo mismo una roca de pizarra, cuya estructura se puede ver a simple vista que una geoda, que hay que serrar primero para conocer lo que esconde en su interior. Por tanto, la labor del archivista consiste en guardar el material que tiene entre manos porque en el momento del archivo desconoce para qué podrá servir en el futuro.

Valga esta metáfora para machihembrar el puzzle de la vida de Azkarraga que ha donado en forma de archivo documental a Del Olmo. Su puzzle unido, en el caso ideal, a los puzles de todos los ciudadanos, nos darían un retrato fiel de lo que fue la realidad en los tiempos que vivieron. Lo más destacado es que lo ha entregado en papel impreso y no en formato digital. Y este es un dato que reviste una enorme relevancia. Grandes partes de la historia han desaparecido para siempre porque nadie las guardó en un soporte técnico que sobreviviese al tiempo. Aunque algunas partes sí fueron cinceladas o escritas en piedras, pergamino y papel, en ocasiones fueron pasto de las llamas o están ocultas bajo los escombros de civilizaciones pasadas. Solo habría que retirar los escombros para descubrirlas y ese es el cometido de los arqueólogos. Su labor permite plantear hipótesis plausibles para poder reconstruir partes ínfimas de la forma de vida de los seres humanos en el pasado. El archivista, por el contrario, pretende guardar y clasificar tanta información como le llegue a su poder para que las generaciones futuras dispongan de una base de datos sólida que permita poder analizar hechos históricos de la forma más objetiva posible.

En la actualidad, tenemos la suerte poder conservar y transmitir informaciones de forma digital con una precisión y velocidad inimaginables en 1990 debido a los avances tecnológicos de las últimas tres décadas. No obstante, esa información digital puede, a su vez, desaparecer con un solo click, bien sea por interés, negligencia o descuido. De ahí, la suma importancia de almacenar y conservar informaciones en diferentes soportes por si falla alguno de ellos.

Y si la conservación material es indispensable, no es menos importante que los ciudadanos estén dotados de conocimientos suficientes como para poder descifrar e interpretar esos datos. La memoria no es solo conservación, sino que implica también que las generaciones a venir tengan la instrucción suficiente como para leer y entender todos los ángulos del prisma que es la historia. Es pura supervivencia de la especie humana. Si uno de los dos elementos falla, se pierden conocimiento e historia para siempre y la humanidad retrocede varios siglos. Ya pasó varias veces. Decía Gracián, “hombre sin noticias, mundo a oscuras”. De ahí la necesidad imperiosa de dotar de las herramientas del conocimiento por medio de la educación a toda la ciudadanía. Quien desee ostentar el poder y garantizar su continuidad a sus herederos, intentará borrar el pasado e impedir el acceso a las fuentes del conocimiento. Contra eso luchaba y sigue luchando Azkarraga.

El archivo documental

Con este largo preámbulo en mente, deseo destacar los aspectos más relevantes que aborda Del Olmo en su libro que nos dan una idea de las etapas más importantes de la biografía de Joseba Azkarraga como persona pública. Consta de diez capítulos que abarcan desde la historia de su familia en la clandestinidad, a su etapa como parlamentario en el Congreso de los Diputados, cuestiones referentes a ETA, GAL, Galindo, desavenencias entre PNV nacimiento de Eusko Alkartasuna, su etapa como Consejero de Justicia del Gobierno Vasco, su legado en prensa así como su empeño incansable por contribuir a la causa de memoria histórica. La trayectoria de Joseba Azkarraga viene precedida de la estructura del archivo documental, así como un prólogo escrito por Garbiñe Biurrun Mancisidor, ex magistrada del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco.

Es difícil resumir un libro de esta índole en cuatro párrafos, pero me aferraré al hilo conductor que traza Del Olmo que no es otro que la exposición de integridad moral de Joseba Azkarraga que ha sido la que ha guiado su quehacer político y sus actividades en la lucha por el esclarecimiento de todas las vulneraciones de derechos humanos. Su valentía era proverbial y a que anunció que iba a acoger a insumisos en su casa. Un artículo de 1990 resume su postura y recoge las palabras  que pronuncio Azkarraga en un Consejo de Guerra militar que se celebró en A Coruña y al que acudió como testigo, porque así se lo pidieron los insumisos que eran juzgados. Esta cita da una idea de la fortaleza de Azkarraga.

…en la defensa de la paz en el mundo, es más importante los gestos de los insumisos que todas las estrellas y medallas que llevan ustedes en el pecho…

En una nota personal le comentó Azkarraga a Del Olmo que «sobre la cara que pusieron los militares que estaban presidiendo la mesa del Tribunal, es difícil de explicar.» Ante un hombre de este calibre, la pregunta, que inevitablemente le surge a Del Olmo ante su incansable actividad es ¿qué mueve a un hombre, en medio de un mundo en el que campan a sus anchas la indiferencia y atronadores silencios cómplices, a escribir durante décadas denunciando injusticias, violaciones de derechos humanos y defendiendo principios irrevocables? La fruición y precisión en la documentación recibida es otro elemento muy relevante que destaca Del Olmo.

Azkarraga, consciente de la importancia de los documentos, anotaba con rigor todo lo que hacía y también guardaba recortes de periódico.

Por un lado, el estricto orden de la documentación y, por otro lado, un hecho importantísimo, la administración pública tiene la obligación de dejar testimonio documental de cada uno de sus actos, (no siempre es así y lo afirmo con conocimiento de causa), en este caso se cumplió a rajatabla esa obligación, que al mismo tiempo corresponde, desde mi modesto punto de vista, a una clara voluntad política y personal de transparencia en el ejercicio de sus funciones.

Aquí desvela Del Olmo una triste realidad y es que la administración pública incumple la obligación de dejar constancia de todos sus actos y ensalza así la ímproba labor de Azkarraga al aportar datos que podrían suplir huecos existentes en los archivos públicos. Para quien no conozca los entresijos de la archivística, esta cita de Del Olmo le puede ayudar a entender la importancia de un archivo personal de documentos.

Los archivos públicos conservan, mayoritariamente, la historia oficial, la historia generada por los organismos públicos. Frente a estos, los archivos personales nos narran historias biográficas, que vienen a rellenar un nicho documental al que la historia oficial no alcanza.

Ella misma responde a las preguntas que emergen cuando abre el archivo de Azkarraga afirmando que ese trabajo documental fue fruto de su voluntad política y personal de transparencia en el ejercicio de sus funciones. La admiración que siente del Olmo por la rectitud de Azkarraga reverbera en todo el texto. Cómo no, Azkarraga tenía y sigue teniendo muchos admiradores, pero su cartera de enemigos no era de menor entidad a juzgar por las amenazas de muerte que recibía. El precio social que se paga por aferrarse a la integridad moral es altísimo. La integridad como forma de vida y la condena al ostracismo le viene de cuna porque su familia fue duramente represaliada en la dictadura franquista.

Del Olmo viene a decir más arriba que la historia oficial es solo una parte -diría yo ínfima- de lo que ocurrió en el pasado y las biografías de particulares vienen a completar ese relato. De ahí el enorme significado de los documentos impresos en papel de Azkarraga. Lo explicaré con un ejemplo. Numerosas personas se dirigieron a él para contarle lo que les había acontecido y pedirle apoyo. Él actuó con cuantas herramientas tenía a su disposición para guiar a esas personas y guardó todas esas cartas porque su vocación de servicio era la estrella polar que lo guiaba. Esos testimonios tienen un valor incalculable porque dan cuenta de las vicisitudes por la que atravesaron algunos ciudadanos víctimas de vulneración de derechos humanos que se encontraban flotando en el más absoluto desamparo institucional. Valga esta cita de Del Olmo como ilustración.

Las cartas de algunos de estos presos sociales, que le solicitaban ayuda, son terribles. Describen al detalle situaciones durísimas de enfermedad física y en algunos casos terminales

La archivista Del Olmo ha leído y clasificado todas esas cartas de ciudadanos particulares, pero otras cartas de Azkarraga dan cuenta de su tesón a la hora de recabar datos que no se encontraban en los archivos españoles. Aunque parezca mentira, los papeles van despacio como en el palacio. Y eso es así porque encontrar la información en un país allende nuestras fronteras es una tarea ardua. Si ese país dispone de un archivo, el cometido se torna más sencillo. Amnistía Internacional le envió una lista de desaparecidos vascos y españoles en Argentina. Los datos de esas personas también forman parte del puzzle de la historia de Euskal Herria. Si no los hubiera recuperado Azkarraga, esas personas solo existirían en el registro civil con fecha de nacimiento y defunción. Y su vida fue más que dos fechas. Pero su adhesión a las causas vinculadas a los derechos humanos traspasó las fronteras porque se involucró en numerosas causas como la causa saharahui, entre otras.

La denuncia del terrorismo de estado fue una constante en toda su trayectoria parlamentaria y también después de haber dejado la política. Y aquí, no están de más unos datos. Del Olmo transcribe un fragmento de la interpelación de Azkarraga al entonces Ministro de Interior Rosón en la que Azkarraga le plantaba datos sobre la mesa.

En seis años, desde el 6 de abril de 1975, fecha en que se produce el primer atentado, la extrema derecha ha causado en el pueblo vasco más de quinientos atentados con un triste balance de cuarenta y cuatro muertos y ciento treinta heridos de consideración. […] en 1979, casi se triplica la cifra con once muertos y treinta y siete heridos, elevándose la cifra en 1980 a veintitrés muertos y treinta y nueve heridos.

Hablar de datos es acercarse a la realidad y hacer memoria. Quienes tienen cierta edad, habrán oído que los medios afirman que ETA asesinó a 856 personas desde 1958 hasta 2016, aunque es más correcto decir que fueron 767 porque los otros 100 los perpetraron otras organizaciones. Si se hiciese una comparativa de los atentados perpetrados por ETA entre 1975 y 1981, seguro que los atentados de la extrema derecha superan con creces el número de atentados perpetrados por ETA. Ahora bien, los años 1978 a 1980 fueron los años del plomo con un número de asesinatos por parte de ETA que ronda los 250. Era acción y reacción. Por eso, barajar datos, -todos los datos-, es hacer memoria para que la verdad, justicia y, en la medida de lo posible, la reparación puedan tener lugar. Los datos presentados en sus justos términos terminan por desmontar los relatos torticeros aprendidos a base de machaque mediático contra el que luchó Azkarraga con toda su fuerza.

Se destacó por su valentía en los innumerables artículos que publicó y que forman parte del archivo documental.  No le dolían prendas emplear metáforas contundentes cuando descerrajaba todos los datos sobre las torturas en Intxaurrondo aludiendo al coronel Galindo. Este fragmento es un fragmento de un artículo publicado en El Mundo en 1995 que llevaba el título de “Carta abierta a Galindo”.

En definitiva, el fajín que le han colocado es el premio a su silencio. Por ello no solo le colocan a usted el fajín, le colocan también un esparadrapo en la boca.“ […] Dicen que usted es también responsable del asesinato de Lasa y Zabala. Incluso que encapuchado los visitaba en el Palacio de la Cumbre de Donostia. (92-93)

Para concluir esta reseña, destaco esta reflexión de Garbiñe Biurrún en el prólogo del libro que dice así.

[El archivo] nos permite «tocar» la historia con las manos, al «ver» todos esos documentos descono-cidos para la mayoría, muchos de ellos absolutamente inéditos, que tan bien nos muestran a la persona y los tiempos en los que ha actuado, incluido este presente que, afortunadamente, aún no termina.

Esta historia me recuerda que algo parecido le pasó a mi abuelo, a mi tío, a mi primo…

Siempre me pregunté por qué el común de los mortales redactaba testamentos y no dejaba ningún testimonio para la posteridad. Repartieron su patrimonio y no compartieron sus percances. Y es el conocimiento de estos últimos lo que nos ayuda a tomar decisiones y avistar la piedra con la que nos tropezamos alguna vez. Conocer la historia es navegar todos sus meandros. Los canales en ríos en topografía accidentada con muchos desniveles son atajos comerciales para transitar rápido desde el origen al destino con navíos mercantes. Comercio y patrimonio se transforman y desaparecen por las decisiones de sus propietarios. Los recovecos, empero, son el origen mismo de la vida y la innovación, fuentes de sabiduría, origen de la diversidad y también foco de conflicto. La labor de la conservación de la memoria histórica es un viaje en txalupa por todos los recodos de un riachuelo. Sirva esta cita de Biurrún de invitación a todos los lectores a crear su propio archivo para que sus vivencias no se difuminen como las hojas que caen en otoño, se transformen en tierra con el paso del tiempo y los que vengan después puedan “tocar” y “ver” esas vivencias.

Recomiendo la lectura de este libro escueto a todos aquellos a los que les interese leer sobre asuntos que jamás abordaron los medios de comunicación o lo hicieron de puntillas. El lector atento se preguntará, ¿por qué nunca lo leí en ningún periódico? Es una lectura amena que invita a identificarse con el narrador, que es una figura diferente al escritor. La escritora va abriendo las cajas del archivo y el narrador nos va desvelando los tesoros que va descubriendo. Tal vez recuerde el lector que algo parecido le pasó a su abuelo o tío y esa identificación les dé a algunos el ímpetu necesario para escribir sobre sus percances, guardar documentos y donarlos a un archivo biográfico para gente común todavía por fundar. Abrir este libro es como abrir un baúl lleno de tesoros. Se lee fácil y la pluma ágil engancha al lector.

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